Foro de IUCM (*) :Declaración politica antes la elecciones del 20-D

IU: lo que fue, lo que es

logoforoEl 20-D se celebran elecciones generales. en Madrid hubo una izquierda que quiso convergen sin perder la identidad. Sus militantes fueron expulsados. Unos meses después los autores de la purga reivindican las siglas con las que jamás quisieron ir a las elecciones. ¿Qué ha pasado?

Así se escribe la historia, aunque sea la historia más reciente. Desde las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, la dirección federal de Izquierda Unida deambula por la política española con paso torpe y errático. quiso pactar con PODEMOS a cualquier precio y encargo la tarea a quien más de cerca seguía su estela, nadie dudaba del acuerdo de integración. Era cuestión de tiempo, listas y nombres. Del programa nunca se habló y de la estrategia electoral tampoco. Pero se acercó la hora y en el último minuto quebró el apaño. Ni las encuestas ofrecían ya tanto margen, ni la izquierda seducía al socio. Así que algunos/as trataron de hacer de la necesidad virtud y se presentaron en sociedad como adalides de la marca IU, la misma marca electoral que han despreciado hasta hace unas semanas y que llevan año y medio subastando en el misterioso mercado de “los de abajo”.

Algunos colectivos de las personas expulsadas de IUCM, que han ratificado su voluntad de no reafiliarse a la nueva organización, han llegado a la conclusión de que su legitimidad se engrandecería participando activamente en a campaña electoral del candidato Garzón. sostienen que ellos son parte de IU y que lo quieren seguir siendo a pesar de las diferencias que les separan con el proyecto y la estrategia de sus actuales dirigentes. No es nuestra función “interpretar” su voluntad. Sí lo es analizar su decisión. Prestar al actual núcleo dirigente de IU -que no le demos vuelta, es el que aparece social y mediáticamente representando a Izquierda Unida- el apoyo para SU campaña electoral, constituye un mal gesto hacia la militancia de IUCM, expulsada de IU, vejada en la reciente campaña de las elecciones autonómicas y municipales y víctima de un golpe de mano a fin de ser sustituida por una estructura de organización y unos/as dirigentes inventados para acabar con IUCM. Allá cada cual con sus cálculos y ecuaciones. No nos gustaría que estos forzados movimientos de apoyo acabasen reconsiderando su destino y sucumbiendo a futuros cantos de sirena. Veremos.

El programa, el candidato, el voto

Hacer balance de una legislatura y compartir un diagnóstico político de lo que pasa es condición necesaria para disponer de un programa electoral ajustado a las demandas de la sociedad actual,. Pero no. La dirección federal de IU ha preferido responder a la crisis y al estancamiento de la economía, el empleo y los sistemas públicos de protección social con el radicalismo estéril del populismo. Acosada y acelerada por la ruptura con PODEMOS, se ha envuelto en la bandera de la unidad popular –un inexistente proceso de convergencia, que actúa de coartada para buscar compañía inventada a IU- y ha improvisado y sugerido un programa electoral extravagante, irrealizable, y más parecido al programa fundacional de PODEMOS, que a un verdadero programa de gobierno.

Las prioridades de un programa de izquierdas, realizable y con vocación de gobierno, capaz de derrotar en las urnas el programa conservador -los derechos de las trabajadoras y trabajadores en el contexto de un política económica, la derogación de las últimas reformas laborales, la estabilidad y calidad del empleo, la mejora de los salarios, la negociación colectiva, la lucha contra la desigualdad y la exclusión social, el apoyo a la ILP de CCOO y UGT para una renta mínima, la sostenibilidad y garantía del sistema publico de pensiones, los servicios sociales, la igualdad y la violencia de género, las políticas públicas y el nuevo modelo productivo, una reforma fiscal justa y suficiente, educación y sanidad publicas y de calidad, una reforma constitucional para articular el territorio y los derechos sociales y laborales, vivienda digna, o un sistema financiero con banca pública que garantice el crédito– o no se abordan en el programa de IU o, si se hace, se recurre a propuestas retóricas y radicalmente incompatibles con las políticas públicas que la izquierda debe gestionar y defender.

Fuimos expulsados y expulsadas de Izquierda Unida. La federación en la que militábamos fue disuelta. Nadie nos abrió expediente ni fundamentó las razones de aquella decisión. Reclamamos que un conflicto político se dirimiera en el ámbito del debate político. Recurrimos a Comisión Federal de Garantías y recibimos una vulgar respuesta de rechazo. Acudimos a la Justicia pidiendo medidas cautelares contra la expulsión y el respeto a nuestros derechos constitucionales, siendo, en principio, rechazadas las medidas cautelares, mientras sigue adelante el proceso. si nuestra capacidad de asombro no nos turba ante los llamamientos al trabajo y la unidad en tiempo electoral por parte de la dirección federal, y aún mantenemos la suficiente dignidad y coherencia para actuar en nombre de IUCM, debemos decir que no podemos hacer campaña, para la candidatura que encabeza, en la circunscripción de Madrid, Alberto Garzón, principal abanderado de nuestra expulsión y cara visible de un programa electoral que no compartimos, y que poco o nada tiene que ver con el que dio vida a Izquierda Unida, un proyecto que, a pesar de su profunda desnaturalización, muicha gente del Foro sigue empeñada en recuperar. El voto de cada una de las personas que integran el Foro de IUCM será el que ellas mismas decidan. sera un voto de izquierdas. Pero la posición política del Foro es la que corresponde a un amplio colectivo que analiza, debate y emite opinión. Ni más ni menos.

(*) El foro de IUCM se constituyó el pasado 18 de octubre. Lo forman militantes, dirigentes y cargos públicos de IUCM, expulsados/as de IU y que exigen la restitución de sus derechos políticos y colectivos sin apaños, atajos ni componendas. Representan a unas 1.200 afiliadas y afiliados de IUCM, sin duda el grupo más numeroso de la ex federación de IU. Se constituye como Foro, que no en partido, con el único objetivo de impulsar y debatir la reconstrucción de la izquierda y de un potente polo progresista en nuestra comunidad.

Izquierda: dignidad o cambalache

La decisión no es fácil. Con frecuencia la dignidad actúa a modo de excusa y el cambalache de sumar deriva en aparente generosidad. Pero las izquierdas se encuentran en la encrucijada, justo cuando un programa de cambio podría derrotar en las urnas al ideario conservador

iuhundidaRecientemente, un artículo de Manel García Biel alertaba sobre la necesidad de trascender al hecho electoral y blindar formaciones políticas y proyectos culturales e ideológicos sin los cuales no sería posible entender la historia de Catalunya e imaginar un futuro de cambio y transformación social. Se refería, se refiere a ICV y PSUC (sin apellidos). Las izquierdas se debaten entre la dignidad y el cambalache, en un contexto de probada complicidad ciudadana con la llamada nueva política, y de programada desmemoria hacia la lucha de un país por la libertad y la democracia.

El 15M llenó de gentes diversas calles y plazas de las ciudades españolas. Gritaron a las fuerzas políticas parlamentarias que no les representaban y levantaron banderas y programas de cambio para ensayar una revolución de urgencia. Muchas voces y opiniones mediáticas valoraron lo ocurrido y lo calificaron de “repolitización de amplios colectivos sociales, fundamentalmente jóvenes”, y de estruendoso toque de atención a lo que llamaron ‘política institucional y/o bipartidismo’. La historia se empezó a contar a partir de entonces y varios grupos y colectivos empezaron a construir una crónica de la nueva política, a medio camino entre la asamblea de acampada y la transversalidad de la política anticasta. No faltaron quienes, autoinvitados a todas las fiestas, quisieron integrar con aparente normalidad aquella masiva indignación en la doctrina de repúblicas, poder popular y economía de diseño.

De aquella indignación de alianzas y confluencias contra la política hasta entonces conocida, que siempre pasó de puntillas por el conflicto económico y social -solo reclamado para arremeter contra el movimiento sindical- nació Podemos y hete aquí, que un par de años después nos queda un partido, cada vez más partido y menos movimiento, centrado y centralista, que recela de modelos de organización política y electoral abiertos a la convergencia con otros, y que con sostenida celeridad ha llegado a la conclusión de que ellos deben ser exactamente lo mismo que negaron ser, un poco más atrevidos en lo intrascendente, y más moderados en lo realmente decisivo. Un partido electoral dirigido por un núcleo de dirección muy cerrado.

IU cambia de bando
A cinco mil militantes de IUCM la dirección federal los echó de la organización por negarse a subastar el futuro de IU en un mercado de objetos no identificados. No fue fácil la decisión de IUCM, que además de tener que pelear en un ambiente mediática y políticamente hostil, tuvo que lidiar con una campaña infame de la mayoría de los dirigentes federales -con Garzón al frente-, que por primera vez en la historia de un partido pidieron el voto para una formación política distinta a la suya. Paradojas de la vida, los partidarios de la “unidad popular sin fronteras”, que no dudaron en depurar la organización como nunca antes se había visto en IU, encabezan ahora una cruzada de campaña –lo primero es IU- con la misma credibilidad que un liberal hablando del estado del bienestar. No en vano buena parte del equipo de Garzón se bate en retirada y lamenta su desengaño ante las promesas incumplidas. Alguno de ellos ha abandonado ya Izquierda Unida.

En realidad asistimos a una deriva indeseable. IU debió defender con lucidez y firmeza su territorio, un territorio que nunca fue ajeno a la convergencia social y política, y que seguramente exigió anteponer el consenso político y programático al trueque de la banalidad y de los cargos. Desde las elecciones europeas, el mismo núcleo de dirección federal que hoy luce músculo identitario, improvisó un viaje a lo desconocido en el que solo quedaba clara una conclusión: el futuro de IU es el de Podemos. “Unos ponen el aire fresco y las ideas, otros la organización y la militancia”, decían sesudos intelectuales de la nada. Y así nos va. La unidad popular, antes Ganemos, después Somos, más tarde Ahora en Común, y en la actualidad Izquierda Unida con apellido incorporado, se presenta a las elecciones con rostro conocido y política impostada. Alguien hace de la necesidad virtud, y habla de dignidad frente a cambalache. Se equivoca y lo sabe. La actual dirección federal de IU no está en condiciones de liderar ahora el mismo proyecto que aborreció hace un mes. El único gesto de dignidad creíble de los dirigentes comunes o populares de IU hubiera sido reconocer públicamente su disparatada aventura y propiciar en tiempo electoral un encuentro urgente de todas/os en el interior de IU para una candidatura fuerte de convergencia social y política, con destacado protagonismo de IU. Pero han optado por el viejo tic del sectarismo: tenían razón cuando echaron a los que defendieron IU frente a la humillación y la subasta, y tienen razón ahora cuando hacen lo contrario. De una orilla a la otra sin inmutarse. Aunque yo confío en Quevedo cuando advierte que “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

Por eso, las izquierdas andan desconcertadas justo cuando las derechas recuperan aliento, en buena parte como consecuencia de la trayectoria errática de aquellas. Y lo peor de todo esto es que el candidato a la presidencia del Gobierno de IU ha creído que la mejor manera de corregir errores es acudir al radicalismo populista del programa electoral. A los que hasta hace unas horas eran, según sus palabras, la esperanza de los de abajo (Podemos), los acusa de entregarse a la moderación y el centro, de dar la espalda a la revolución y de traicionar la unidad popular. Sugiere iniciativas de diseño para la economía, la educación o el empleo, y vuelve confundir el programa electoral con los principios ideológicos de IU. Cuenta con una ventaja. Cierto aparato mediático le sigue prestando su apoyo y a menudo se dirige a la ciudadanía por televisión, lo que le convierte en una compañía familiar en muchos hogares españoles, y eso es un buen aliciente para el voto.

La izquierda es o debe ser otra cosa. El debate que nos espera antes, durante y tras las elecciones no puede responder a estos arrebatos de gestos y ocurrencias. Necesitamos renovar las formaciones de la izquierda, renovar las estrategias del cambio, renovar el discurso político y la organización; pero para eso no es necesario volver al rancio estalinismo vestido de unidad popular, ni sumarse porque sí a la hoguera de las vanidades de la nueva política. He visto a históricos/as dirigentes de la izquierda marcharse sin hacer ruido (y sin el más que merecido reconocimiento institucional) y a jóvenes de la nueva política (o no tan jóvenes) instalarse en la vida institucional con desbordante entusiasmo. Conviene en consecuencia, anteponer ideas a cambalaches y trascender a los juegos malabares de unidades populares más aparentes que reales.

Luis María González

Nunca digas “ahora o nunca”. Daniel Kaplún

Excelente análisis de Daniel Kaplún en torno a las pasadas elecciones y el supuesto y anunciado fin del bipartidismo, así como alternativas para “definir que se está entendiendo por “unidad popular””

Transcurrido algo más de un mes desde su celebración, ya se han escrito (y se siguen escribiendo) ríos de tinta sobre los resultados de las pasadas elecciones municipales y autonómicas. No pretendo, por lo tanto, incorporar nuevos elementos al respecto, sino más bien sintetizar, de forma crítica y personal, las distintas aportaciones que se han ido volcando en los numerosos artículos publicados, y las iniciativas y reacciones políticas que se han ido generando a lo largo de estos días.


1.El bipartidismo está tocado, pero no hundido

En el acumulado nacional de las elecciones locales, el PP obtuvo un27,05%, y el PSOE un 25,02%, lo que viene a representar en conjunto un 52,07% de los votos válidos para el llamado “bipartidismo”.

A nivel autonómico, considerando el acumulado de las 13 comunidades en las que se celebraron estas elecciones, los resultados son aún menos rupturistas: el PP un 30,45%, el PSOE un 24,83%, lo que viene a sumar un 55,28% para el dúo de la alternancia tradicional.

A la vista de estos datos, no puede afirmarse que el bipartidismo esté acabado, y menos aún si lo comparamos con los votos obtenidos en las anteriores elecciones europeas: PP, 26,06%; PSOE, 23%; acumulado de ambos, 49,06%. Es decir que no sólo no ha seguido retrocediendo, sino que ha recuperado parte del terreno perdido desde 2011. Y, lo que es aún más grave, nos guste o no, el PP sigue siendo la fuerza más votada en el conjunto del territorio nacional, pese a los recortes, la corrupción, las privatizaciones, la precarización, el desempleo y todas las demás responsabilidades que se le puedan atribuir (con toda razón, pero con efecto electoral cuando menos insuficiente).

La mayor o menor habilidad de la izquierda para tejer alianzas (entre sí y con otras formaciones) en cada territorio concreto va consiguiendo que el PP pierda una parte importante de su poder territorial, pero de ningún modo por la fuerza de una única organización, por más ciclónica que ésta haya pretendido ser (o lo haya aparentado, al calor de los sondeos de intención de voto publicados).

2.Y Podemos no puede

Porque, entre tanto, los resultados obtenidos en las autonómicas por Podemos, el partido del “ahora o nunca”, tienden a sugerir que, en contra de lo que predica su slogan, “el momento NO es ahora”: un 14,16% en el acumulado de las 13 comunidades, es decir algo muy similar a lo que los sondeos pronosticaban para Izquierda Unida antes de la entrada en escena de la organización del círculo morado.

A nivel municipal, como es sabido, la comparación es prácticamente imposible, puesto que Podemos no se ha presentado con su propia marca, y sus organizaciones locales, cuando se han implicado, lo han hecho en candidaturas mixtas, de composición y forma jurídica extremadamente variadas, lo que imposibilita cualquier acumulación.

3.La “unidad popular”: ¿opción táctica o cuestión de principios?

El éxito innegable de algunas de esas “candidaturas ciudadanas” o de “unidad popular” (éxito relativo, por otra parte, puesto que ninguna de ellas ha llegado a alcanzar el 35% de los votos válidos) ha venido a dar nuevas alas al discurso, ya ampliamente manejado durante toda la campaña electoral (e incluso antes) por parte de algunos dirigentes políticos de ámbito nacional, sobre la perentoria necesidad de la “unidad popular”: ninguna organización podría por su sola fuerza hacer frente al bipartidismo con posibilidades reales de triunfo, es indispensable que todas ellas (o al menos las más poderosas y representativas) se unan para conformar un frente común, porque “la suma multiplica”.

Esta idea del efecto multiplicador de la convergencia está basada en los resultados (ciertamente muy importantes) obtenidos en 5 ciudades (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Santiago de Compostela y A Coruña) en las que tales candidaturas unitarias han logrado gobernar, siempre gracias al apoyo de otras fuerzas (fundamentalmente el PSOE o sus respectivas filiales regionales).

Pero si comparamos los resultados conseguidos por las candidaturas unitarias a nivel local con los de Podemos e Izquierda Unida a nivel autonómico, allí donde es posible (es decir, en las 13 comunidades que se rigen por el artículo 143 de la Constitución y, por lo tanto, celebraron elecciones autonómicas el 24-M), comprobaremos que eso de que “la suma multiplica” no está tan claro, ni mucho menos. El cuadro siguiente presenta los resultados electorales de las 32 ciudades de más de 100.000 habitantes existentes en esas 13 Comunidades, comparando los votos obtenidos por las diversas candidaturas de la izquierda en las elecciones locales con los conseguidos por Podemos e Izquierda Unida en las autonómicas, y sus respectivos acumulados:

cuadro

NOTA: Por participación de IU en cada convergencia entendemos la integración de la FEDERACIÓN REGIONAL de IU en la misma, aprobada por su respectivo Consejo Político Regional

En el acumulado de las 32 ciudades,  lo que podríamos denominar la izquierda del PSOE ha conseguido en torno a 110.000 votos más en las elecciones locales, lo que viene a representar un incremento de un 9,5% sobre la suma de los resultados de ambas formaciones en las autonómicas. Pero este incremento tiene su origen casi exclusivamente en los votos obtenidos por Ahora Madrid: si excluimos a la capital del Estado, la diferencia cambia de signo, y se transforma en un retroceso de unos 83.000 votos. Y si vamos al detalle municipal, constatamos que sólo en 6 ciudades (Santander, Burgos, Valladolid, Alcalá de Henares, Getafe y Madrid) la “izquierda del PSOE” en su conjunto ha conseguido un mejor resultado en las elecciones locales que en las autonómicas, y (salvo en Madrid) con diferencias generalmente poco significativas.

La otra constatación que surge del cuadro es la gran diversidad de situaciones que se ha producido en estas 32 ciudades, puesto que sólo en 6 de ellas (Zaragoza, La Laguna, Burgos, Salamanca, Logroño y Alicante) puede hablarse de una convergencia plena (es decir, en la que al menos hayan participado abierta y oficialmente Podemos e Izquierda Unida), mientras que en las demás Podemos e IU han ido por separado, ya sea montando diferentes formas de “unidad popular” o presentándose en solitario. Incluso en 9 ciudades las divergencias internas en la militancia de Podemos ha llevado a la formación de dos “candidaturas de unidad popular” diferentes, impulsadas o respaldadas por distintas corrientes de este partido, lo que ha contribuido a una aún mayor confusión del electorado.

La segunda cuestión de carácter táctico que se plantea para justificar la necesidad de la conjunción de las fuerzas que se auto-posicionan (explícita o implícitamente) a la izquierda del PSOE deriva de la legislación electoral vigente que, como es sabido, tiende a perjudicar gravemente a las formaciones pequeñas frente a las mayores, sobre todo en las provincias menos pobladas. En esas provincias con pocos diputados, acumular votos puede facilitar el acceso a alguna representación que de ninguna manera podría alcanzarse por separado.

Este argumento es de pura lógica, aunque difícilmente demostrable en la práctica: sólo mediante sondeos específicos en cada circunscripción se podría estimar a priori en cuántas provincias se daría tal situación, y cuántos diputados más podrían conseguirse. No obstante, algo así se intentó (aunque tarde y mal) entre IU y el PSOE en las elecciones generales de 2.000, y los resultados son de sobra conocidos: mayoría absoluta del PP y pésima votación de ambos participantes en el acuerdo, por lo que los antecedentes no resultan precisamente muy alentadores.

Todo ello me lleva a pensar que la utilidad práctica de la tan manida “unidad popular”, “convergencia” o como se le quiera llamar es, cuando menos, dudosa.

Sin embargo, más allá de su éxito o fracaso electoral, la pertinencia de esa convergencia no me parece objeto de discusión. Y no me lo parece ahora ni me lo parecía antes: quiero decir que, a mi juicio, no se trata de una opción táctica dictada por la coyuntura electoral, sino de una cuestión de principios. La unidad de la izquierda ha sido y es algo que ha dado sentido a mi militancia desde siempre, como ya he explicado en mis dos artículos precedentes publicados en este mismo medio (vid: “El Frente Amplio uruguayo: ¿un ejemplo a imitar?” y “La necesaria convergencia de la izquierda: sus opciones y dificultades”. Y creo honestamente no haberme sentido nunca solo en esa aspiración vital: la propia creación, en 1986, de una coalición denominada “Izquierda Unida” tenía ese sentido, o al menos así creí entenderlo en ese momento, más allá de las divisiones, escisiones y otras desgracias internas que la han ido laminando en cada ocasión en la que parecía apuntar a cierta probabilidad, no ya de triunfo electoral, sino cuando menos de ejercer alguna influencia sobre el rumbo de la política en este país.

El origen (endógeno o exógeno, o en qué proporción uno u otro) de esas divisiones (casi siempre terminadas en escisiones) sería objeto de otra polémica en la que prefiero no entrar. Me limito a apuntar que, en sociología, tendemos a interpretar lo que aparenta ser una suma de casualidades como síntoma de una causalidad subyacente.

4.El problema no es el qué, sino el cómo

Pero cuando se alaba el éxito de esas candidaturas “unitarias” se las suele poner a todas en un mismo saco, haciendo caso omiso de las importantes diferencias que presentan entre sí, tanto en su forma jurídica como en su composición, su regulación interna, etc. Un mínimo de información política alcanza para comprender que “Barcelona en Comú” y “Zaragoza en Común” (por ejemplo) se han constituido como coaliciones de partidos, mientras “Ahora Madrid” se conformó como un “partido instrumental”, figura jurídicamente inexistente que, en la práctica, se traduce en el registro de un nuevo partido, con el acuerdo previo (de carácter privado y por lo tanto legalmente no vinculante) de cesar en su vida orgánica inmediatamente después de la convocatoria electoral para la que fue creado.

Y si vamos al detalle municipal, podremos comprobar que el panorama descrito en el cuadro anterior presenta una diversidad rayana en lo incomprensible para el votante medio: ciudades en las que IU y Podemos han participado en plenitud en una única convergencia, otras en las que cada una ha montado su “propia” convergencia, otras en las que IU ha concurrido con su propia marca y Podemos con una “marca blanca” claramente identificable, algunos casos en los que Podemos ha presentado dos candidaturas supuestamente vinculadas a distintas corrientes internas, otros en las que una corriente de IU se integró en una “convergencia” mientras que la otra se presentó por separado y con su propia marca, etc.

Este maremágnum de siglas, nombres y formas jurídicas dificulta enormemente la evaluación de los resultados y, sobre todo, el establecimiento de alguna lógica que permita interpretarlos y extraer conclusiones operativas de cara a las inminentes elecciones generales.

Es indispensable, por lo tanto, definir con claridad qué se está entendiendo por “unidad popular” porque, con el panorama actual, el término resulta tan ambiguo y polimórfico que corre el riesgo de transformarse en otro “significante vacío” (Laclau dixit), de ésos que tanto gustan a los estrategas de Podemos.

A ese respecto, entiendo que caben al menos cuatro formatos alternativos posibles:

  1. La coalición de partidos bajo un único nombre común. En este modelo cada organización conserva su marca e identidad propias, pero acuerda concurrir conjuntamente con las demás a una determinada convocatoria electoral. Es el modelo adoptado con éxito por “Barcelona en Comú” o “Zaragoza en Común”, entre otros ejemplos. Modelo frecuentemente denostado por los dirigentes de Podemos como “sopa de siglas”, pero al que se han plegado gustosamente en los casos mencionados. Por más que he estado sumamente atento a su discurso, aún no he logrado comprender qué ven de malo en eso de la “sopa de siglas”: supongo que forma parte del “anti-partidismo” que fue una de las señas de identidad del 15M, cuya herencia Podemos pretende reivindicar para sí.
  2. La creación de una nueva organización que aglutine a varias otras preexistentes, que acuerdan disolverse para integrarse en la nueva entidad. En este caso, se supone que los militantes se integran a título estrictamente individual y acuerdan prescindir de sus respectivas marcas electorales, al menos coyunturalmente. Es el modelo formalmente adoptado para la creación de “Ahora Madrid”, aunque en su funcionamiento real dicha prescindencia de las marcas originales e integración a título individual sólo se dio a medias y de manera bastante asimétrica, puesto que Podemos intentó abiertamente rentabilizar su participación en “Ahora Madrid” de cara a las elecciones autonómicas.

Una digresión marginal, pero no carente de importancia: la oposición de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid (IU-CM) a integrarse en lo que terminó por denominarse “Ahora Madrid” se fundaba en su discrepancia con este formato, no con la idea de la convergencia en su totalidad, como erróneamente se ha dado a entender con frecuencia por parte de diversos medios de comunicación e incluso por algunos dirigentes federales de IU. Es posible que IU-CM se haya precipitado un tanto en ese rechazo, puesto que en los hechos las pautas de funcionamiento finalmente implantadas en “Ahora Madrid” hubieran permitido solventar algunas de las objeciones que lo sustentaban, pero sigo pensando que había motivos fundados y sólidos para no plegarse a ese proyecto, y continúo albergando serias dudas sobre la viabilidad y efectividad del Gobierno local a que ha dado origen, aunque no dispongo de espacio para explicar más extensamente las razones que me llevan a ello.

  1. La absorción de varias organizaciones preexistentes en una de ellas, que se considera particularmente exitosa y, por lo tanto, capaz de afrontar con mayores posibilidades la convocatoria electoral de que se trate. Es lo que parece propugnar Podemos: absorber el mayor número posible de militantes y cuadros de las organizaciones preexistentes de la “izquierda real”, a título individual y previa renuncia a su afiliación anterior, hasta vaciarlas completamente y forzar su disolución. Naturalmente, este modelo es difícilmente susceptible de alcanzarse por consenso, y tiende a generar fuertes resistencias en las organizaciones destinadas al desguace.
  2. Lo que en los documentos emanados de las IX y X Asambleas Federales de IU se dio en denominar “Bloque Social y Político”, un concepto que parece superado por el paso del tiempo pero que, en los hechos, nunca se ha intentado con suficiente ahínco, por lo que su supuesto fracaso resulta indemostrable. Podría definirse como una hibridación entre los modelos 1 y 2: una coalición electoral que, a la vez que integra a diversas organizaciones políticas preexistentes que no renuncian a su marca e identidad propias, también posibilita la inclusión de personas provenientes de los movimientos sociales o simplemente simpatizantes de la coalición en sí, sin necesidad de que formen parte de ningún partido político en concreto.

En los hechos, éste fue (y sigue siendo) el modelo organizativo adoptado para la creación del Frente Amplio uruguayo, como explico detalladamente en mi artículo precedente ya mencionado. Modelo cuya validez sigo reivindicando, no sólo (ni tanto) por su demostrado éxito político y electoral, sino por su pertinencia ética y corrección política, de la que aún estoy totalmente convencido 44 años después de su nacimiento.

Aunque quizá no lo hayan explicitado con tanta claridad, entiendo también que éste es el modelo propugnado por Izquierda Abierta en su propuesta de “Frente Amplio” (de hecho la denominación no es casual, y la propia organización proponente reconoce su inspiración en el ejemplo uruguayo). En definitiva, una nuevo denominación (aunque de nueva no tiene nada) para un concepto acuñado y desarrollado por IU desde hace al menos 6 años, pero que hasta ahora no hemos sido capaces de llevar a la práctica.

Después de todo lo comentado, resulta evidente que personalmente me inclino por este último modelo, bajo ciertas condiciones que considero irrenunciables:

  • Que los partidos participantes no renuncien a su identidad y mantengan su organización y su vida interna
  • Que la dirección de la coalición sea coparticipada por todos los partidos integrantes
  • Y cuente además con una adecuada representación de las bases organizadas (llámense asambleas, comités o de cualquier otra forma)
  • Que se admita la posibilidad de militar en la coalición como tal, sin necesidad de una identificación partidaria concreta
  • Que la denominación adoptada sea completamente diferente e independiente de las de las organizaciones fundacionales
  • Que el cabeza de cartel (o candidato al principal cargo ejecutivo, en este caso la Presidencia del Gobierno) sea igualmente fruto de un consenso entre todas las organizaciones integrantes, y en lo posible no esté connotado por su pertenencia o vinculación explícita a ninguna de ellas en particular.
  • Y, por supuesto, que se estructure en torno a un programa de gobierno con propuestas concretas y tangibles, consensuado entre todas las partes (una especie de máximo común denominador) y susceptible de traducirse en un listado relativamente breve de acciones básicas.

Por supuesto, estas condiciones no resuelven por sí solas todas las enormes dificultades que plantea un acuerdo de esta naturaleza: quedan cuestiones tan complejas como las cuotas internas de poder y, consiguientemente, el método de conformación de las candidaturas, que la legislación electoral española no contribuye precisamente a facilitar, sino todo lo contrario.

En este sentido, las elecciones primarias (aunque no sean precisamente santo de mi especial devoción) pueden constituir un elemento objetivo al que acogerse para salvar algunos escollos (siempre que se logre garantizar su imparcialidad y limpieza, problema de momento no superado en las experiencias conocidas, al menos en este país). Pero lo fundamental es la voluntad política de llegar a acuerdos, que es lo que de momento veo más borroso.

5.Pero con Podemos no se puede

Entre tanto, la dirección federal de Izquierda Unida (o al menos una parte mayoritaria de la misma) lleva ya un tiempo considerable discurriendo insistentemente sobre la expresión “unidad popular”, sin llegar nunca a definirla con suficiente precisión. Y, aún sin haberla definido, ha puesto en marcha acciones muy concretas para su realización, algunas de las cuales entran en abierta contradicción con las escasas pinceladas que se han ofrecido sobre el contenido de tal expresión: por una parte, se preconiza un proceso “de abajo a arriba” o “desde la base”, y por otro las únicas acciones conocidas hasta ahora han sido reuniones entre las cúpulas de las organizaciones llamadas a participar en el acuerdo. Reuniones que han acabado con resultados perfectamente previsibles: amplia disposición y apertura por parte de las entidades más débiles (caso Equo) y negativa rotunda de Podemos, que no acepta otro método de unificación que la absorción de todo lo existente, como era de esperar y ya he señalado anteriormente.

Los dirigentes de Podemos no están dispuestos a renunciar a una marca que consideran exitosa y que, en cualquier caso, han creado sin duda con esfuerzo y entrega personal, lo que me parece humanamente comprensible, aunque no lo comparta. Eso era sabido desde un principio (no es ni mucho menos la primera vez que la dirección de IU llama a sus puertas sin que éstas den la menor señal de querer abrirse), por lo que creo que a estas alturas ya nos podríamos ahorrar la imagen de humillación que esa inútil insistencia genera ante los electores y la opinión pública, imagen gozosamente ventilada por los medios, como también era previsible.

Así pues, habrá que asumir que la “unidad popular” o como se le quiera llamar tendrá que construirse sin Podemos, al menos de cara a las próximas elecciones generales. Los resultados dirán luego hasta qué punto se dan las condiciones para el establecimiento de determinados acuerdos postelectorales, si proceden. Se trataría, por lo tanto, de una “unidad” menos “unida” de lo que sería deseable, pero peor es nada, y más vale asumirlo de una vez y cuanto antes, que seguir paralizados llamando a unas puertas que siguen cerradas a cal y canto (salvo a quienes pidan su ingreso de forma individual y previa renuncia a su militancia anterior).

Y concentrarnos en definir con precisión la naturaleza del proyecto en sí: sus principales ejes programáticos, su estructura jurídica, su forma organizativa… y por supuesto sus integrantes y sus respectivas cuotas de participación o, al menos, el método que utilizaremos para determinarlas.

Todo esto parece difícil de acordar y consolidar en los escasos meses que faltan hasta las elecciones generales, por lo que quizá haya que asumir de una vez que es posible que “el momento no sea ahora”, como vengo señalando insistentemente desde mi primer artículo, y que es mejor ir despacio pero seguros de lo que queremos construir que actuar con precipitación y construir un edificio insuficientemente cimentado y que se venga abajo con el primer viento del invierno electoral.

Entiendo que se pueda vivir como un deber ineludible el intentarlo, pero deberíamos guardarnos en la recámara un “plan B” por si no lo logramos a tiempo y hay que salir a la intemperie a batirnos el cobre otra vez en solitario.

Y una última acotación: parece poco creíble un proceso de “unidad” cimentado en la división interna, y no otra cosa es la expulsión de facto de los 4.800 afiliados de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid: está todavía por ver cuántos de ellos querrán reengancharse en la nueva estructura que se pretende crear desde la dirección federal (un proceso no precisamente “desde abajo”), cuántos y cuáles de ellos serán admitidos en el nuevo paraíso de la “unidad popular” y, sobre todo, a qué cosa en concreto deberían reengancharse. Sin que esto implique concordar plenamente con lo actuado por la dirección de IU-CM durante los últimos meses, y particularmente a partir de las frustradas (y frustrantes) elecciones primarias del pasado 30 de noviembre. La autocrítica constante sigue siendo un método de trabajo esencial para cualquier organización que se reivindique marxista.

Fuente: Nueva Tribuna

Trileros o ciudadanía plana

Artículo publicado en: peregrino mundo

unnamedAlíviense; mejor trilero que alguacil o que corso con patente. Mejor que trolero o que partero del final de la historia,
El dueño de Podemos ha decretado que la distinción entre derecha e izquierda es cosa de trileros. Excitante definición para dar paso al “marxismo – grouchismo”: sus principios son a la carta.
No hace falta reflexión ideológica alguna; lo que se lleva, de nuevo, es el pensamiento único, disfrazado de popular, popularísimo. Unos, les dirán que es para arañar votos de la rancia derecha; otros, que para expulsar competidores por la izquierda; no faltará incluso quien afirme que es el peaje a pagar a los medios que piden un bipartidismo sin izquierda. Pero, señores y señoras, me temo que se lo creen: que el nuevo régimen popular no se basa en ideas, principios e ideologías, sino en adhesiones. Y el soniquete suena, jode, pero suena.
Antes, pues, de que sea declarado por la Sexta el estado de ausencia de la izquierda vengo a dar las gracias a la ingente cantidad de trileros de los que he tenido noticia.
Gracias a aquellos revolucionarios franceses que se colocaron a la izquierda del Presidente en la Asamblea Constituyente. A los afrancesados y liberales que nos dieron la Constitución de Cádiz. A los comuneros y comuneras parisinos y a quienes en el Siglo XIX aguantaron contra la Santa Alianza. Gracias a la izquierda que salió de los sindicatos obreros y que gestó en el siglo XX la esperanza del cambio, primero, y la democracia europea, después. Gracias a quienes trazaron la línea entre la pequeña burguesía airada y la izquierda, y nos permitieron huir del discurso fascista.
Gracias a la izquierda republicana y a los milicianos y milicianas de izquierda. A los antifascistas, a quienes murieron por ser de izquierdas y a quienes padecieron tortura y cárcel. Gracias a los que en las fábricas hicieron izquierdas y a quienes me lo enseñaron en la Universidad. A la izquierda que construyó nuestra democracia y a aquellos concejales y concejalas de izquierda que empezaron nuestro mínimo estado de bienestar. Gracias a quien permitió las generaciones mejor formadas de nuestra historia. Gracias a la parte de la izquierda que, en solitario, se opuso a los usureros.
Queda dicho: el dueño de Podemos ha decretado vuestra desaparición. Él, sus secretarías técnicas y los técnicos de apoyo de a 74.000 al año, os han descubierto: la distinción entre izquierda y derecha distrae al pueblo. Amigos y amigas, el dueño de Podemos ha atrapado la bolita y exige vuestra disolución.
Así que prepárense para ser vigilados por el alguacil. Porque Usted puede participar, siempre y cuando vote adecuadamente, que si no le lanzarán a los medios a insultarle; pero no pueden participar sus ideas. Ha nacido la ciudadanía plana, una única idea por el corso dictaminada.
Abandone el campo la izquierda y el anticapitalismo; la lucha contra la explotación y el viejo sindicato obrero; márchese la izquierda democrática y quienes creen, como Bobbio, que la ausencia de justicia social es una aberración. Siempre habrá uno que les dará las gracias, cada uno de mayo, por haber estado.
Ahora si que sí: el final de la historia ha sido dictado y enviamos la izquierda al desván de los sueños y las banderas rotas. No se si da risa o da miedo.

IUCM: Ideas y palabras.

infantaniaEn los últimos días se suceden en ciertos ámbitos de la información digital algunos llamamientos para la defensa de ciertas caras en IU, llenos de palabras y vacíos de ideas. No es de extrañar, por tanto, que mientras sugieren defender IU, empiecen poco a poco a pensar en otra cosa.

Izquierda Unida en general, e IUCM en particular, viven una convulsa situación cruzada de  frases hechas y acusaciones sin rigor que más pronto que tarde pondrán a cada cual en su sitio. Los hechos se precipitan a raíz de unas elecciones primarias en la Comunidad de Madrid que auparon a Tania Sánchez y Mauricio Valiente para liderar las candidaturas de la Comunidad y el Ayuntamiento de la capital. En ese mismo momento, los ganadores creyeron que el mundo empezaba con las primarias: la dirección es ilegítima, las irregularidades de la candidata, un invento del ‘enemigo’, y el futuro de IU pasa inevitablemente por superar IU. En esta aventura sobran “la vieja guardia, la casta, la mafia y el viejo régimen; el aliado es el adanismo de las palabras y las imágenes, el que cosecha espectaculares subidas en las encuestas, aunque su principal protagonista nada quiera saber de Izquierda Unida.

Así las cosas, expresar la confianza en el proyecto que dio lugar al nacimiento de Izquierda Unida, se convierta en una antigualla. “No se puede uno aferrar a las siglas. Izquierda Unida tiene que impulsar la unidad popular. Tenemos que incorporarnos a la ola de las plataformas ciudadanas que recorre España. No tiene sentido reivindicar identidad, estrategia y programa; la prioridad ha de ser integrarse en aquellas. Lo de coalición o agrupación electoral es un problema menor. Quien se niegue a ello estará fuera del cambio”, son algunas de las perlas que nos dirigen a los que vemos futuro al proyecto de IU.

Pero ¿qué pasa en realidad?

Izquierda Unida tiene representación en más de dos mil ayuntamientos de toda España. Solo en unas decenas se observan movimientos de reagrupamiento electoral de naturaleza muy diversa y objetivos imprecisos. Salvo excepciones, Podemos, allí donde se presenta a las elecciones municipales, lo hace fuera de las plataformas electorales donde está IU. Y entonces, ¿qué fuerza ascendente y rompedora queda en el interior de estas plataformas capaz de superar todos los límites y dar por buena la idea de que merece la pena a IU sacrificar identidad, estrategia y programa? Conozco algo de lo que pasa en Madrid, una de las principales plazas a conquistar, y me costaría identificar un aliado potencial de probada solvencia política y proyección electoral en el interior de Ganemos, además de Izquierda Unida. En consecuencia, fuera de las palabras y de las ocurrencias que lo invaden todo, ¿qué sentido tiene formar parte de una plataforma electoral en cuyo seno somos una entidad dispersa, que además debe renunciar a ser lo que es? ¿Es esta la ambiciosa convergencia, el frente amplio, el bloque social de progreso, el frente popular del que nos hablan algunos? Pues sencilla y llanamente, no.

Cuando se abrió en la dirección federal el proceso de la convergencia y se eligió a Alberto Garzón como responsable del mismo, todo el mundo pensaba en el diálogo IU-Podemos.  Incluso cuando en Madrid echó a andar Ganemos, sus promotores pensaban para su éxito en Podemos, y menos en IU. Desde entonces, Podemos construye partido, ajusta discurso y programa, avanza candidaturas, desmonta otras y a lomos de las encuestas se aleja raudo y veloz de Izquierda Unida. Y el proceso de convergencia entra en fase de orfandad, casi a la misma velocidad con que Podemos se desentiende del mismo. Una realidad que se ve agravada por el acusado movimiento de sectarismo en el interior de Ganemos, exigiendo en nombre de no se sabe qué fuerza y programa, que los partidos -a saber, IU y Equo- renuncien a su protagonismo político y estratégico. Pues bien, un sector de IUCM avala esta situación de “frentismo de bajo perfil político”. Otros defendemos que en este contexto, si no se garantizan condiciones básicas de programa, estrategia, convivencia y competencias, IUCM debe presentarse con sus siglas a las elecciones municipales y autonómicas. Y el tiempo apremia.

Soy partidario, lo he dicho siempre, del diálogo IU-Podemos, a partir de la consideración de que son dos ideas distintas de entender la política y la estrategia de cambio y transformación. Podemos ahora se resiste al diálogo. No dejemos de intentarlo, pero mientras tanto, reforcemos, renovemos y activemos el proyecto de Izquierda Unida.

Los problemas de la candidata

Tania Sánchez ganó holgadamente las primarias en IUCM. Un hecho democrático incontrovertible que hemos de valorar. Tania Sánchez tiene problemas de credibilidad en la ciudadanía por distintas irregularidades en el desarrollo de su gestión cuando fue concejala en el Ayuntamiento de Rivas. Si es o no es delito, no estoy en condiciones de opinar. Que son hechos éticamente inaceptables y ajenos al más elemental código ético de IU, no me cabe la menor duda. ¿Cómo si no, puede calificarse que alguien se presente a un concurso en un área de gestión municipal dirigido por un familiar y acabe quedándose con el contrato? Y no es el único caso que afea su gestión.

En IU somos especialmente exigentes con hacer en casa lo que predicamos fuera. Tanto que un eurodiputado dimitió por algo de menor alcance que el caso comentado. Lo dijo el anterior alcalde, el que mejor supo liderar, junto a su equipo una gestión de vanguardia en Rivas, y cuya dimisión precipitada fue perseguida con saña por, entre otros, el actual alcalde y la candidata, ahora en cuestión, a golpe de falsedades e infamias: “se me ocultó conscientemente la relación familiar; de haberla conocido ese contrato, que se repitió a lo largo de los años, no se hubiera llevado a cabo”. No faltan quienes creen que esta denuncia de la candidata obedece a un ajuste de cuentas dentro de IU. Pero sin ignorar que los ajustes de cuentas forman parte de la historia de los partidos y tienen de protagonistas a todas las familias, la pregunta que cabe hacerse es: ¿los hechos que se analizan, y que cuestionan su gestión en el Ayuntamiento, son reales o inventados?

Si trascendemos al psicoanálisis y nos detenemos en los hechos citados, cuesta aceptar que la candidata no reconsidere su situación, sabiendo que, de no hacerlo, se convertirá –y con ella, IU- en el pim pam pum del debate político y de la campaña electoral.

Fuente: Nueva Tribuna

Izquierda Unida y Podemos. Preguntas que necesitan respuesta.

– Julio Anguita: programa, programa, programa.
– Versión 2.0: Programa de tv, programa de tv, programa de tv.
Llama la atención que ciertos medios sistémicos, vinculados al capital, se conviertan de la noche a la mañana en promotores de figuras políticas presentadas como paladines de la nueva izquierda. En su momento vivimos ya la promoción de Beatriz Talegónla revolucionaria prêt-à-porter, estrella fugaz de la rebeldía baja en calorías. ¿Recuerdan el despliego mediático? El intento más reciente, sin embargo, tuvo un carácter más organizado, incisivo, extensivo y sistemático: Podemos, de Pablo Iglesias Turrión.
Ariculo publicado en El Blog del Viejo Topo, en el que plantea preguntas que muchos y muchas de nosotros y nosotras nos estamos haciendo, no desde hace cuatro días, sino desde hace bastante más tiempo.

I love IU, ¿apuesta por IU?

podemos3Se perfectamente que el agregador, no forma parte de la estructura de IU, ni falta que le hace, pero de ahí a que se pueda dar cabida a quienes compiten con IU, es más dar cabida a quienes fomentan el culto a la personalidad en vez de a las ideas, dar cabida al populismo frentista y a la demagogia, y que en su campaña electoral son capaces de decir a viva voz que PP, PSOE e IU son lo mismo, o tonterías del tipo no somos ni de izquierdas ni derechas, es que o somos tontos o somos todavía más tontos que todos los tontos juntos alrededor de una misma tontería.

Claro, peeeeero, es que depende de quién lo formule, porque si quien formula la tontería lo hace en base a toda la retórica que de un tiempo a esta parte se lleva fomentando, como inventar un lenguaje que sólo llega a un parte ínfima y pequeñoburguesa de la población como austericidio, exilio económico, estado o europa constituyente, precariado…, pues lo que ocurre es que se le da pábulo, no sólo en este agregador de blogs, sino internamente en IU; pero si quien lo hace nos cae relativamente mal, pues entonces de un día para otro deja de estar en I love IU, y no es que lo critique, es que me parece bien, pero hubo ex-compañer@s que se fueron a Equo, y fue visto y no visto.

Tenemos en el agregador gente que hace campaña abierta por una pseudo-organización como Podemos, cuyo culto a la personalidad ya lo quisieran para si mismo los Kim o Stalin, que se permiten en sus actos como he dicho anteriormente equipararnos con el bipartidismo e incluso forman parte de su dirigencia en barrios y pueblos gente que hasta hace dos días estaba afiliada a IU, gente que eran un tapón para el crecimiento político y organizativo de nuestra organización, gente que ha estado años formando parte de consejos políticos y direcciones sin aportar nada, absolutamente nada, y que ahora en los actos del partido de El Mesías largan por sus bocas lo que nunca se han atrevido a decir en una asamblea, porque no se les conocía crítica ni toma de posición, eso sí para desmarcarse de lo que han sido obran como cualquier Torquemada.

Si I love IU no mira por los intereses plurales de IU pues que se llame I love izquierda o lo que se quiera, pero que no diga aunar algo que no es cierto, porque los cuernos digan lo que digan no gustan a nadie, y lo de quedar como amigos mejor dejar pasar el tiempo porque cuando te lo dicen la cara de gilipollas que queda es un auténtico cuadro.