La articulación territorial de España, el coco de la izquierda.

El futuro territorial de España no puede caer en manos, o mejor dicho, no se puede dejar en manos del inmovilismo o del secesionismo.; esa suerte de frentismos no conduce a nada más que el enfrentamiento sin dar ninguna alternativa a la convivencia, y no da respuestas a un fortalecimiento para una democracia social avanzada.

La izquierda política no puede y no debe permanecer fuera del debate sobre el modelo territorial de España, si así fuera estaríamos de nuevo permitiendo un acuerdo bipartidista en connivencia con los nacionalismos que no haría otra cosa que repetir las tensiones y los vicios que se han producido a lo largo de estos años.

La izquierda debe garantizar una reforma territorial desde lo social y también desde el replanteamiento de las mismas estructuras y competencias tanto del Estado como de las futuras federaciones.

Se debe de volver a plantear el debate desde la política que es desde donde se puede llegar a acuerdos, hacerlo desde lo emocional, desde el sentimiento o desde la víscera no conduce a nada y menos a acuerdos de carácter estable.

Por desgracia la izquierda está desaparecida o en franca retirada, ha caído en posiciones maximalistas cuando no extremistas con una nula reflexión de la actual sociedad, sobre cuáles deben ser las herramientas para transformarla y sobre todo con un absoluto y total desconocimiento de la estructura de la clase trabajadora. Se impone entonces antes de hablar de otras cosas de cómo se rearticula o cómo se construye una izquierda que sin perder sus esencias sea capaz de formular respuestas a la sociedad de hoy y no a la del siglo XIX o XX, aprender de los clásicos si, intentar ejecutar lo que entonces dijeron es tirarse a un pozo con una piedra en el cuello.

Por lo tanto se impone una reflexión de si se debe tener una estructura partidaria o si por el contrario se siguen fiando los postulados políticos e ideológicos de la izquierda al movimentismo voluntarista y asambleario.

Si se opta por la segunda, la suerte está echada, el resumen sería pan, circo y ONG (la solidaridad está reñida con la caridad, no lo olvidemos); ahora bien si se opta por una estructura partidaria el trabajo que espera por delante está lleno dificultades externas pero sobretodo internas, es decir, las que nosotros mismos nos ponemos.

En la articulación política, se construye organización, discurso y programa, y es en este donde se debe ser firme en la propuesta de construcción del estado, por ello es preciso saber articular la propuesta y huir del discurso autodeterminista.

Si la izquierda transformadora es capaz de articularse, de construir discurso, de hacer programa, de ser solidaria, podrá ser capaz de realizar y plasmar una propuesta territorial para España, de lo contrario se dejará en manos de opciones populistas, frentistas y nacionalistas la articulación, y eso en definitiva será dejar en manos de la derecha política y económica el futuro y será  la autodestrucción de las ideas de emancipación social para muchos años.

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Sobre la unidad de la izquierda: unos por otros…y la casa sin barrer.

Habría que aclarar, que lo que la mayoría de los medios han denominado como la nueva política, en clara referencia a PODEMOS, mareas, ahoras, comunes, etc. no es sino más que una masa, mal ligada de proyectos populistas, de carácter lerrouxista, que en sus inicios y ahora vuelven a hacerlo, no dudaron en autocalificarse como movimientos ni de izquierdas ni de derechas; esto no es nada nuevo en el panorama político de nuestro país, ya hubo quien inventó esa definición y con ella nació La Falange; por lo tanto a esta masa es difícil situarla en la izquierda, puesto que cabe todo y vale todo con tal de aparecer en la pista central y en los titulares.

Sobre IU, o lo que queda de este proyecto que surgió en 1986, hoy no queda nada más que el envoltorio con unas posiciones políticas más parecidas a viejos vestidos de niños con lo cual denominarlo de izquierdas sería ser demasiado benévolo.

Y de lo que fue IUCM han surgido varios grupos políticos, con más o menos acierto, así como asociaciones unas de carácter cultural otras con fines más políticos, foros o simplemente la afiliación se ha ido a su casa.

Últimamente a dos de esos grupos políticos, los más numerosos, Convergencia de La Izquierda y Actúa o Izquierda Abierta, les ha dado por hablar de unidad de la izquierda, pero sin concretar y más bien como acto de reafirmación frente al otro.

Convergencia de la Izquierda inició un proceso que concluyó en la Plataforma La Izquierda Hoy junto a otros grupos y personas a nivel particular, que no es sino un escaparate del propio partido ya que utiliza su misma simbología y hasta su misma tipografía, sin concreción como tal plataforma y sin propuestas que no sean las de CDLI. Hablan de la unidad de la izquierda, pero a su vez su discurso es excluyente para con otras formaciones, es más del caduco trágala que tanto daño ha hecho, o haces esto o no irás al paraíso.

En cuanto a Actúa del que forma parte como grupo principal Izquierda Abierta, es como el Guadiana, aparecen y desaparecen de la actualidad a golpe de titular, eso sí, siempre en nombre de la unidad de la izquierda, e Izquierda Abierta continúa con su gran dilema desde que nació como partido, sigo en IU o no sigo en IU, es un permanente vivo sin vivir en mí y a su vez en nombre de la unidad, excluyen a los que quieren hablar de igual a igual y no quieren integrarse en una suerte de espacio del que sólo sobresalen las cabezas pensantes.

Y en esas estamos, pudiendo ocurrir que en nombre de la izquierda en las próximas elecciones haya tres, cuatro, cinco o más candidaturas eso sí todas de UNIDAD DE LA IZQUIERDA.

 

Mateo González Martín

Secretario de Organización de Iniciativa por Madrid

Parece ser , que me domesticaron…

La salud de las izquierdas sigue maltrecha. Unos parecen destinados a salir de la crisis abrazando el reformismo liberal. Otros, domesticados en democracia, irrumpen en la historia reciente a golpe de indigno revisionismo. Es la izquierda de pasarela.


En su libro “Algo va mal”, escrito en la parte final de su vida, Tony Judt advierte que “sin idealismo, la política se reduce a una forma de contabilidad social, y esto es algo que un conservador puede tolerar muy bien, pero para la izquierda significa una catástrofe”. Y aunque parezca mentira, esto es algo que le pasa a los conservadores y a cierta izquierda de pose radical, sin alma, que ha sustituido las ideas por un compendio de ocurrencias y lemas de facultad. Se me responderá de inmediato que esta aparente izquierda goza del favor del electorado, o al menos de un sector importante del mismo. Así es. Pero no olvidemos otro detalle: esta izquierda populista es la misma que permite gobernar a la derecha. ¿Y el PSOE? Pues a medio camino entre la contabilidad social y el idealismo liberal, a veces socialdemócrata. Este es un año de congresos (PP, Podemos, PSOE y…CCOO), y habrá que esperar a sus resultados, salvo en el caso del PP, que lo convertirán en un homenaje al presidente.

Y en este contexto, en el que las izquierdas deben enfrentase a considerables retos, el más importante el de recuperar la capacidad de gobernar las políticas públicas para que la igualdad y la justicia social dejen de ser simples quimeras, unos cuantos representantes de la nueva política, algunos también dirigentes de viejos y memorables partidos, ahora reducidos a escombros, no se les ocurre otra cosa que maltratar y manosear la historia reciente y someter la transición democrática al examen de los contables.

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Izquierda y populismo confluyente

populismoCuando la izquierda es tenida en cuenta por la clase trabajadora como referente político y no sólo movimientista, es cuando a su calor se reanima el viejo populismo como un atrapalotodo, un populismo ataviado de oportunismo para el que todo lo antiguo no vale, pasa a ser casta, y no hace más que dar vueltas sobre tres o cuatro ideas eje, ese es todo su bagaje ideológico.

No se dirigen a la clase trabajadora, a las asalariadas y asalariados que son los que mantienen sobre sus espaldas el motor de la economía, quienes generan riqueza, mantienen el sistema de pensiones, los hospitales o las infraestructuras, se dirigen a la ciudadanía en general (como si la hija de Botín y quien cobra 400 € después de 10 o 12 horas de jornada laboral fuesen iguales).

Para la izquierda, la ciudadanía no debería ser más que un concepto y no una ideología como piensan los populistas de las confluencias, porque la ciudadanía no es sujeto de cambio, quienes son el verdadero sujeto de cambio son las trabajadoras y trabajadores, lo demás es darle vueltas a lo mismo sin llegar, interesadamente, al meollo de la cuestión, que es el cambio de un sistema político por otro, y lo más importante, y en esto los populistas de las confluencias no pasan ni de refilón, la construcción de una política económica que día a día es cambiante y para la que las recetas del pasado sencillamente no sirven.

Durante estos días, el populismo confluyente no hace más que mirar al pasado en materia económica, han estudiado tanto, están tan preparados que nos quieren colar como nueva economía teorías tan desfasadas como el mercantilismo y el proteccionismo, ambas regadas con dósis autárquicas más propias de un mundo no globalizado de allá por los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX.

El populismo confluyente es completamente antagónico con la izquierda y es un abismo tanto de orientaciones como de principios lo que los separa, además es una ignorancia, aunque lo repitan y lo cacareen a los cuatro vientos, que ciudadanía y clase trabajadora sean lo mismo, nos lo pueden repetir mil veces, exponer sus seniles ideas, pero no es lo mismo.

Repiten que la izquierda ha hecho caso omiso a la ciudadanía en general, y eso es pura ignorancia, porque ya en los 60 y 70 del siglo pasado se teorizó y se pusieron en práctica más políticas transversales de las que estas confluencias serán  capaces de desarrollar, pero sabiendo siempre quien es el sujeto de cambio; por eso no han dado, ni saben ni sabrán dar una respuesta clara cada vez que se les plantea esta cuestión.

Que nadie se deje engañar, las ilusiones son importantes, pero no llenan platos de comida; las ilusiones no crean puestos de trabajo y mucho menos crean las condiciones para una democracia avanzada, eso es trabajo, mucho trabajo y de eso los populismos confluyentes saben realmente poco porque se han dedicado  a jibarizar a la izquierda sin dar nada a cambio, tan solo unos cuantos puestos en el congreso, alguna que otra vicepresidencia y alguna que otro alcaldía que harán pagar muy cara.

Ponen fin al proyecto que dio vida a IU

Cargos públicos y militantes de IUCM (Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid) advierten de la liquidación de IU y defienden los valores y principios de la izquierda

 

Ahora puede entenderse, perfectamente, la expulsión de más de cinco mil afiliados y afiliadas a IU de la Comunidad de Madrid que defendieron la confluencia con dos únicas condiciones: el respeto a la identidad de IU, mediante fórmulas de coalición, y el respeto a las propuestas programáticas de nuestra formación. Límites que resultaron intolerables para los defensores del proceso de desaparición de IU y que explican lo evidente: la expulsión de la federación madrileña de IU no tenía otro objeto que despejar el obstáculo que impedía el progreso de operaciones personales sin contenido político.

 

Para leer el manifiesto completo: http://www.manifiestoiucm.wordpress.com

Firma el manifiesto enviando un correo a manifiestoiucm@gmail.com

Foro de IUCM (*) :Declaración politica antes la elecciones del 20-D

IU: lo que fue, lo que es

logoforoEl 20-D se celebran elecciones generales. en Madrid hubo una izquierda que quiso convergen sin perder la identidad. Sus militantes fueron expulsados. Unos meses después los autores de la purga reivindican las siglas con las que jamás quisieron ir a las elecciones. ¿Qué ha pasado?

Así se escribe la historia, aunque sea la historia más reciente. Desde las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, la dirección federal de Izquierda Unida deambula por la política española con paso torpe y errático. quiso pactar con PODEMOS a cualquier precio y encargo la tarea a quien más de cerca seguía su estela, nadie dudaba del acuerdo de integración. Era cuestión de tiempo, listas y nombres. Del programa nunca se habló y de la estrategia electoral tampoco. Pero se acercó la hora y en el último minuto quebró el apaño. Ni las encuestas ofrecían ya tanto margen, ni la izquierda seducía al socio. Así que algunos/as trataron de hacer de la necesidad virtud y se presentaron en sociedad como adalides de la marca IU, la misma marca electoral que han despreciado hasta hace unas semanas y que llevan año y medio subastando en el misterioso mercado de “los de abajo”.

Algunos colectivos de las personas expulsadas de IUCM, que han ratificado su voluntad de no reafiliarse a la nueva organización, han llegado a la conclusión de que su legitimidad se engrandecería participando activamente en a campaña electoral del candidato Garzón. sostienen que ellos son parte de IU y que lo quieren seguir siendo a pesar de las diferencias que les separan con el proyecto y la estrategia de sus actuales dirigentes. No es nuestra función “interpretar” su voluntad. Sí lo es analizar su decisión. Prestar al actual núcleo dirigente de IU -que no le demos vuelta, es el que aparece social y mediáticamente representando a Izquierda Unida- el apoyo para SU campaña electoral, constituye un mal gesto hacia la militancia de IUCM, expulsada de IU, vejada en la reciente campaña de las elecciones autonómicas y municipales y víctima de un golpe de mano a fin de ser sustituida por una estructura de organización y unos/as dirigentes inventados para acabar con IUCM. Allá cada cual con sus cálculos y ecuaciones. No nos gustaría que estos forzados movimientos de apoyo acabasen reconsiderando su destino y sucumbiendo a futuros cantos de sirena. Veremos.

El programa, el candidato, el voto

Hacer balance de una legislatura y compartir un diagnóstico político de lo que pasa es condición necesaria para disponer de un programa electoral ajustado a las demandas de la sociedad actual,. Pero no. La dirección federal de IU ha preferido responder a la crisis y al estancamiento de la economía, el empleo y los sistemas públicos de protección social con el radicalismo estéril del populismo. Acosada y acelerada por la ruptura con PODEMOS, se ha envuelto en la bandera de la unidad popular –un inexistente proceso de convergencia, que actúa de coartada para buscar compañía inventada a IU- y ha improvisado y sugerido un programa electoral extravagante, irrealizable, y más parecido al programa fundacional de PODEMOS, que a un verdadero programa de gobierno.

Las prioridades de un programa de izquierdas, realizable y con vocación de gobierno, capaz de derrotar en las urnas el programa conservador -los derechos de las trabajadoras y trabajadores en el contexto de un política económica, la derogación de las últimas reformas laborales, la estabilidad y calidad del empleo, la mejora de los salarios, la negociación colectiva, la lucha contra la desigualdad y la exclusión social, el apoyo a la ILP de CCOO y UGT para una renta mínima, la sostenibilidad y garantía del sistema publico de pensiones, los servicios sociales, la igualdad y la violencia de género, las políticas públicas y el nuevo modelo productivo, una reforma fiscal justa y suficiente, educación y sanidad publicas y de calidad, una reforma constitucional para articular el territorio y los derechos sociales y laborales, vivienda digna, o un sistema financiero con banca pública que garantice el crédito– o no se abordan en el programa de IU o, si se hace, se recurre a propuestas retóricas y radicalmente incompatibles con las políticas públicas que la izquierda debe gestionar y defender.

Fuimos expulsados y expulsadas de Izquierda Unida. La federación en la que militábamos fue disuelta. Nadie nos abrió expediente ni fundamentó las razones de aquella decisión. Reclamamos que un conflicto político se dirimiera en el ámbito del debate político. Recurrimos a Comisión Federal de Garantías y recibimos una vulgar respuesta de rechazo. Acudimos a la Justicia pidiendo medidas cautelares contra la expulsión y el respeto a nuestros derechos constitucionales, siendo, en principio, rechazadas las medidas cautelares, mientras sigue adelante el proceso. si nuestra capacidad de asombro no nos turba ante los llamamientos al trabajo y la unidad en tiempo electoral por parte de la dirección federal, y aún mantenemos la suficiente dignidad y coherencia para actuar en nombre de IUCM, debemos decir que no podemos hacer campaña, para la candidatura que encabeza, en la circunscripción de Madrid, Alberto Garzón, principal abanderado de nuestra expulsión y cara visible de un programa electoral que no compartimos, y que poco o nada tiene que ver con el que dio vida a Izquierda Unida, un proyecto que, a pesar de su profunda desnaturalización, muicha gente del Foro sigue empeñada en recuperar. El voto de cada una de las personas que integran el Foro de IUCM será el que ellas mismas decidan. sera un voto de izquierdas. Pero la posición política del Foro es la que corresponde a un amplio colectivo que analiza, debate y emite opinión. Ni más ni menos.

(*) El foro de IUCM se constituyó el pasado 18 de octubre. Lo forman militantes, dirigentes y cargos públicos de IUCM, expulsados/as de IU y que exigen la restitución de sus derechos políticos y colectivos sin apaños, atajos ni componendas. Representan a unas 1.200 afiliadas y afiliados de IUCM, sin duda el grupo más numeroso de la ex federación de IU. Se constituye como Foro, que no en partido, con el único objetivo de impulsar y debatir la reconstrucción de la izquierda y de un potente polo progresista en nuestra comunidad.

Izquierda: dignidad o cambalache

La decisión no es fácil. Con frecuencia la dignidad actúa a modo de excusa y el cambalache de sumar deriva en aparente generosidad. Pero las izquierdas se encuentran en la encrucijada, justo cuando un programa de cambio podría derrotar en las urnas al ideario conservador

iuhundidaRecientemente, un artículo de Manel García Biel alertaba sobre la necesidad de trascender al hecho electoral y blindar formaciones políticas y proyectos culturales e ideológicos sin los cuales no sería posible entender la historia de Catalunya e imaginar un futuro de cambio y transformación social. Se refería, se refiere a ICV y PSUC (sin apellidos). Las izquierdas se debaten entre la dignidad y el cambalache, en un contexto de probada complicidad ciudadana con la llamada nueva política, y de programada desmemoria hacia la lucha de un país por la libertad y la democracia.

El 15M llenó de gentes diversas calles y plazas de las ciudades españolas. Gritaron a las fuerzas políticas parlamentarias que no les representaban y levantaron banderas y programas de cambio para ensayar una revolución de urgencia. Muchas voces y opiniones mediáticas valoraron lo ocurrido y lo calificaron de “repolitización de amplios colectivos sociales, fundamentalmente jóvenes”, y de estruendoso toque de atención a lo que llamaron ‘política institucional y/o bipartidismo’. La historia se empezó a contar a partir de entonces y varios grupos y colectivos empezaron a construir una crónica de la nueva política, a medio camino entre la asamblea de acampada y la transversalidad de la política anticasta. No faltaron quienes, autoinvitados a todas las fiestas, quisieron integrar con aparente normalidad aquella masiva indignación en la doctrina de repúblicas, poder popular y economía de diseño.

De aquella indignación de alianzas y confluencias contra la política hasta entonces conocida, que siempre pasó de puntillas por el conflicto económico y social -solo reclamado para arremeter contra el movimiento sindical- nació Podemos y hete aquí, que un par de años después nos queda un partido, cada vez más partido y menos movimiento, centrado y centralista, que recela de modelos de organización política y electoral abiertos a la convergencia con otros, y que con sostenida celeridad ha llegado a la conclusión de que ellos deben ser exactamente lo mismo que negaron ser, un poco más atrevidos en lo intrascendente, y más moderados en lo realmente decisivo. Un partido electoral dirigido por un núcleo de dirección muy cerrado.

IU cambia de bando
A cinco mil militantes de IUCM la dirección federal los echó de la organización por negarse a subastar el futuro de IU en un mercado de objetos no identificados. No fue fácil la decisión de IUCM, que además de tener que pelear en un ambiente mediática y políticamente hostil, tuvo que lidiar con una campaña infame de la mayoría de los dirigentes federales -con Garzón al frente-, que por primera vez en la historia de un partido pidieron el voto para una formación política distinta a la suya. Paradojas de la vida, los partidarios de la “unidad popular sin fronteras”, que no dudaron en depurar la organización como nunca antes se había visto en IU, encabezan ahora una cruzada de campaña –lo primero es IU- con la misma credibilidad que un liberal hablando del estado del bienestar. No en vano buena parte del equipo de Garzón se bate en retirada y lamenta su desengaño ante las promesas incumplidas. Alguno de ellos ha abandonado ya Izquierda Unida.

En realidad asistimos a una deriva indeseable. IU debió defender con lucidez y firmeza su territorio, un territorio que nunca fue ajeno a la convergencia social y política, y que seguramente exigió anteponer el consenso político y programático al trueque de la banalidad y de los cargos. Desde las elecciones europeas, el mismo núcleo de dirección federal que hoy luce músculo identitario, improvisó un viaje a lo desconocido en el que solo quedaba clara una conclusión: el futuro de IU es el de Podemos. “Unos ponen el aire fresco y las ideas, otros la organización y la militancia”, decían sesudos intelectuales de la nada. Y así nos va. La unidad popular, antes Ganemos, después Somos, más tarde Ahora en Común, y en la actualidad Izquierda Unida con apellido incorporado, se presenta a las elecciones con rostro conocido y política impostada. Alguien hace de la necesidad virtud, y habla de dignidad frente a cambalache. Se equivoca y lo sabe. La actual dirección federal de IU no está en condiciones de liderar ahora el mismo proyecto que aborreció hace un mes. El único gesto de dignidad creíble de los dirigentes comunes o populares de IU hubiera sido reconocer públicamente su disparatada aventura y propiciar en tiempo electoral un encuentro urgente de todas/os en el interior de IU para una candidatura fuerte de convergencia social y política, con destacado protagonismo de IU. Pero han optado por el viejo tic del sectarismo: tenían razón cuando echaron a los que defendieron IU frente a la humillación y la subasta, y tienen razón ahora cuando hacen lo contrario. De una orilla a la otra sin inmutarse. Aunque yo confío en Quevedo cuando advierte que “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

Por eso, las izquierdas andan desconcertadas justo cuando las derechas recuperan aliento, en buena parte como consecuencia de la trayectoria errática de aquellas. Y lo peor de todo esto es que el candidato a la presidencia del Gobierno de IU ha creído que la mejor manera de corregir errores es acudir al radicalismo populista del programa electoral. A los que hasta hace unas horas eran, según sus palabras, la esperanza de los de abajo (Podemos), los acusa de entregarse a la moderación y el centro, de dar la espalda a la revolución y de traicionar la unidad popular. Sugiere iniciativas de diseño para la economía, la educación o el empleo, y vuelve confundir el programa electoral con los principios ideológicos de IU. Cuenta con una ventaja. Cierto aparato mediático le sigue prestando su apoyo y a menudo se dirige a la ciudadanía por televisión, lo que le convierte en una compañía familiar en muchos hogares españoles, y eso es un buen aliciente para el voto.

La izquierda es o debe ser otra cosa. El debate que nos espera antes, durante y tras las elecciones no puede responder a estos arrebatos de gestos y ocurrencias. Necesitamos renovar las formaciones de la izquierda, renovar las estrategias del cambio, renovar el discurso político y la organización; pero para eso no es necesario volver al rancio estalinismo vestido de unidad popular, ni sumarse porque sí a la hoguera de las vanidades de la nueva política. He visto a históricos/as dirigentes de la izquierda marcharse sin hacer ruido (y sin el más que merecido reconocimiento institucional) y a jóvenes de la nueva política (o no tan jóvenes) instalarse en la vida institucional con desbordante entusiasmo. Conviene en consecuencia, anteponer ideas a cambalaches y trascender a los juegos malabares de unidades populares más aparentes que reales.

Luis María González