Por una nueva mayoría.


BSPCreo que existe un gran vacío en la izquierda no socialdemócrata que no va a ser ocupado ni de lejos por los tacticismos oportunistas, sobretodo si, echando la vista hacia atrás vemos que los partidos, candidaturas de una supuesta “unidad popular”, confluencias… se han ido constituyendo en muchos casos con lo peor de cada casa, llegando a ser lanzaderas de trepas y cambia-partidos compulsivos.

Los sujetos del cambio no son chiringuitos montados a base de personas que a lo largo de su vida han pasado por distintos partidos, incluso manteniendo posiciones ideológicas contrapuestas, oportunistas, el sujeto del cambio sigue siendo la clase trabajadora.

El axioma que en los años 20 del siglo XX dió lugar a la gran escisión en el movimiento obrero y en la izquierda a nivel mundial sigue siendo válido, Guerra o Paz, sobretodo viendo lo que Europa está haciendo y con ella sus gobernantes, y algunos que desde esas confluencias ciudadanistas jalearon y animaron a las intervenciones militares de la OTAN. Sí, sigue siendo válido, los que nos reclamamos de la izquierda alternativa seguimos apostando por la Paz y el acuerdo sobre bases comunes como elemento disuasorio de los conflictos entre los pueblos.

Los parámetros sobre los que se está moviendo la “nueva política”, algo que desde la izquierda siempre llamamos la “gauche divine”, es que para ellos el sujeto del cambio es la ciudadanía, y aquí meten las contraposiciones ciudadanismo-clase trabajadora, ni izquierda ni derecha, arriba-abajo…, este concepto, de por sí nada nuevo, data del revolucionarismo francés ilustrado del siglo XVIII, y para ello no dudan en menospreciar a los instrumentos de los que se ha dotado tradicionalmente la clase trabajadora, llegando incluso a decir algunos ilustres de sus representantes que este tipo de organizaciones no son necesarias.

Para ellos es fundamental la ruptura con lo que han dado en llamar el Régimen del ’78, pero si se ahonda en sus propuestas, pocas por cierto,  esta ruptura es meramente de fachada, sólo institucional, un quítate tú que me ponga yo, no proponen nada distinto más que recuperar el supuesto estado de bienestar de mediados de los ’80 a los ’90, para estas confluencias ciudadanistas todos y todas somos ciudadanos y ciudadanas, tanto Patricia Botín como el último parado registrado, es el interclasismo en su estado más puro, dicen luchar, van en metro y en bici, pero no se cuestionan el sistema que ha generado desigualdades que oprime y extorsiona, el sistema capitalista.

Están demostrando que son la punta de lanza del llamamiento Nicolás Sarkozy a la refundación del capitalismo. ¿Quién nos iba a decir que esa refundación vendría de quien hasta ayer eran nuestros compañeros de viaje?, y lo que es peor, que desde nuestras filas se les diera alas y aliento, hasta convertirlo en el punto estratégico fundamental, no dudando para ello en expulsar, desvincular, abandonar.

Deberíamos empezar a creernos que un periodo ha terminado, seguro que antes de tiempo, que unas siglas que ayudamos a fundar en 1986 ya no son garantía de nada y menos sus actuales dirigentes transmutados en una auténtica nomenclatura de “listos” dirigiendo a “tontos”.

Es el momento de empezar a forjar un nuevo proyecto estratégico, amplio y de izquierdas, sin ningún tipo de prisa electoral, un proyecto exento del tacticismo como herramienta fundamental del posicionamiento político, cuyo eje fundamental de desarrollo siga siendo la relación capital-trabajo, con un programa de mínimos y con toma de postura ante puntos esenciales.

Un proyecto que no invite a nadie a dejar nada por el camino, un lugar de encuentro de distintas formaciones políticas, sociales y de personas a nivel individual y donde nadie se sienta excluido por pertenecer a tal o cual partido, asociación o movimiento, que sea fruto de la convergencia entre iguales, y que acoja en su seno a la inmensa mayoría de los sectores progresistas como entidad política autónoma, distinta y diferenciada.

Proyecto para la actividad política permanente, como coalición y como movimiento sobre las bases del respeto de la diversidad ideológica que lo conforma, funcionamiento democrático y unidad de acción. Que no sea ni fusión ni partido instrumental, que sea un acuerdo político donde cada uno de sus participantes mantengan su identidad, abierto a la incorporación de organizaciones y personas a nivel individual, con posiciones de izquierdas, progresistas y avanzadas democráticamente.

No ceo que sea difícil, pero tampoco nada fácil, porque ese proyecto tiene que ser visto como el peligro más serio para las clases dominantes, esos son nuestros adversarios.

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