¿Cambiar todo para seguir igual?


Oleagatopardodas de plataformas, mareas, candidaturas en común, candidaturas divergentes, partidos tradicionales, los de arriba, los de abajo, los que no son ni de izquierdas ni de derechas, que no falten los que dinamitan proyectos desde dentro, comúnmente denominados quintacolumnistas, los que acusan, los puros y los arribistas, los pijoprogres, los sujetos políticos del cambio para no cambiar nada, los que viajan en bicicleta o en metro como grandes propuestas revolucionarias, trepas, cambiapartidos, oportunistas, gallos de pelea, y mucho vanity fair. Todo les vale para no hacer una sola propuesta transformadora y superadora de la realidad, y cuando las hacen resulta que son propuestas de otros de allá por 2007.

Con toda esta fauna se están topando las izquierdas en el escenario ibérico, en definitiva con politiquillos de tres al cuarto que van a dejar el panorama político de la emancipación de la clase trabajadora tan arrasado que se tardarán lustros en volver a tener una mínima organización de clase, con discurso de clase y proyecto de clase.

Loados sean los dioses del Olimpo han llegado los ciudadanistas, los de “to er mundo e güeno”, parece ser que no sólo están reinventando la transición, están yendo más allá en una regresión histórica que puede acabar en la reinterpretación de la mismísima prehistoria y su “comunismo primitivo”. Se han dejado a un lado los clásicos del socialismo científico que son muy lentos y además dan dolor de cabeza, por una especie de reinvención de la ciudadanía como máxima expresión de su ideología, sin tener en cuenta que como van tan deprisa hay cosas que ya están inventadas. Ver “La invención de la ciudadanía, como elemento constitutivo de la política moderna durante la Revolución Francesa” de Irene Castells, « La ciudadanía revolucionaria », Erytheis, 1, mayo de 2005, http://idt.uab.es/erytheis/castells_es.htm

Pues mira tú por donde, que algunos y algunas, nos negamos a ello, y no vamos a participar de semejante engendro. Reconocemos que se han leído mal los cambios producidos en la sociedad española, que el tacticismo se ha superpuesto a la estrategia, que el discurso no es el mejor, que la retórica es anticuada, que el método es francamente mejorable y que las formas de organización son viejas, pero que el sujeto del cambio, el sujeto revolucionario sigue siendo exactamente el mismo, la emancipación de la clase obrera, entendiendo esta en el sentido más amplio. Sin esa clase no hay cambio, lo único que habrá serán retoques a un mismo sistema que unas veces será menos malo, otras malo, y otras tremendamente malo.

La diferencia entre un proyecto y otro, es que mientras uno creen que todavía se está en el Antiguo Régimen y hay que construir la etapa burguesa, otros creemos que se está en uno de los momentos en los que es más necesaria que nunca una alianza de las fuerzas de la transformación, para como mínimo enfrentar una nueva situación en la relación capital-trabajo.

No hay nada que inventar, o se está por la construcción de un frente amplio entre las fuerzas de la transformación, en la que ninguno de sus componentes tenga que renunciar a ninguna de sus señas de identidad, lo que se denominaría una construcción entre iguales, o se está por la construcción de un partido radical que no cuestione los fundamentos mismos del sistema, no ya políticos sino también económicos.

Es en esto último en lo que están unos con toda su diarrea verbal, mientras otros buscamos no un hoy, sino un mañana.

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