Izquierda y populismo confluyente

populismoCuando la izquierda es tenida en cuenta por la clase trabajadora como referente político y no sólo movimientista, es cuando a su calor se reanima el viejo populismo como un atrapalotodo, un populismo ataviado de oportunismo para el que todo lo antiguo no vale, pasa a ser casta, y no hace más que dar vueltas sobre tres o cuatro ideas eje, ese es todo su bagaje ideológico.

No se dirigen a la clase trabajadora, a las asalariadas y asalariados que son los que mantienen sobre sus espaldas el motor de la economía, quienes generan riqueza, mantienen el sistema de pensiones, los hospitales o las infraestructuras, se dirigen a la ciudadanía en general (como si la hija de Botín y quien cobra 400 € después de 10 o 12 horas de jornada laboral fuesen iguales).

Para la izquierda, la ciudadanía no debería ser más que un concepto y no una ideología como piensan los populistas de las confluencias, porque la ciudadanía no es sujeto de cambio, quienes son el verdadero sujeto de cambio son las trabajadoras y trabajadores, lo demás es darle vueltas a lo mismo sin llegar, interesadamente, al meollo de la cuestión, que es el cambio de un sistema político por otro, y lo más importante, y en esto los populistas de las confluencias no pasan ni de refilón, la construcción de una política económica que día a día es cambiante y para la que las recetas del pasado sencillamente no sirven.

Durante estos días, el populismo confluyente no hace más que mirar al pasado en materia económica, han estudiado tanto, están tan preparados que nos quieren colar como nueva economía teorías tan desfasadas como el mercantilismo y el proteccionismo, ambas regadas con dósis autárquicas más propias de un mundo no globalizado de allá por los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX.

El populismo confluyente es completamente antagónico con la izquierda y es un abismo tanto de orientaciones como de principios lo que los separa, además es una ignorancia, aunque lo repitan y lo cacareen a los cuatro vientos, que ciudadanía y clase trabajadora sean lo mismo, nos lo pueden repetir mil veces, exponer sus seniles ideas, pero no es lo mismo.

Repiten que la izquierda ha hecho caso omiso a la ciudadanía en general, y eso es pura ignorancia, porque ya en los 60 y 70 del siglo pasado se teorizó y se pusieron en práctica más políticas transversales de las que estas confluencias serán  capaces de desarrollar, pero sabiendo siempre quien es el sujeto de cambio; por eso no han dado, ni saben ni sabrán dar una respuesta clara cada vez que se les plantea esta cuestión.

Que nadie se deje engañar, las ilusiones son importantes, pero no llenan platos de comida; las ilusiones no crean puestos de trabajo y mucho menos crean las condiciones para una democracia avanzada, eso es trabajo, mucho trabajo y de eso los populismos confluyentes saben realmente poco porque se han dedicado  a jibarizar a la izquierda sin dar nada a cambio, tan solo unos cuantos puestos en el congreso, alguna que otra vicepresidencia y alguna que otro alcaldía que harán pagar muy cara.

Ponen fin al proyecto que dio vida a IU

Cargos públicos y militantes de IUCM (Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid) advierten de la liquidación de IU y defienden los valores y principios de la izquierda

 

Ahora puede entenderse, perfectamente, la expulsión de más de cinco mil afiliados y afiliadas a IU de la Comunidad de Madrid que defendieron la confluencia con dos únicas condiciones: el respeto a la identidad de IU, mediante fórmulas de coalición, y el respeto a las propuestas programáticas de nuestra formación. Límites que resultaron intolerables para los defensores del proceso de desaparición de IU y que explican lo evidente: la expulsión de la federación madrileña de IU no tenía otro objeto que despejar el obstáculo que impedía el progreso de operaciones personales sin contenido político.

 

Para leer el manifiesto completo: http://www.manifiestoiucm.wordpress.com

Firma el manifiesto enviando un correo a manifiestoiucm@gmail.com

La coalición “tenía” un precio

Pit-GARZONEl 7 de mayo, el Consejo Político Federal de IU escenificó alguna tensión en la negociación e identificó los grandes retos políticos para la transformación del planeta: IU quiere más puestos de salida en las listas. Ni Europa, ni el euro, ni el paro, ni la reforma laboral, ni la sanidad, ni la educación, las pensiones o la protección social. El problema se llama listas. Yo adelanto mis conclusiones: si por plantear en el momento adecuado la coalición con Podemos, IUCM fue desfederada y sus 5 mil afiliadas/os expulsados, si entonces dijimos que el problema era de coalición y propuesta política, si era el proyecto el que estaba siendo enterrado…,y ahora pasa esto, solo puedo decir que IUCM tenía razón, y la difamación de que fuimos objeto retrata a los difamadores.

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Artículo de Luís María González en Nueva Tribuna

Foro de IUCM (*) :Declaración politica antes la elecciones del 20-D

IU: lo que fue, lo que es

logoforoEl 20-D se celebran elecciones generales. en Madrid hubo una izquierda que quiso convergen sin perder la identidad. Sus militantes fueron expulsados. Unos meses después los autores de la purga reivindican las siglas con las que jamás quisieron ir a las elecciones. ¿Qué ha pasado?

Así se escribe la historia, aunque sea la historia más reciente. Desde las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, la dirección federal de Izquierda Unida deambula por la política española con paso torpe y errático. quiso pactar con PODEMOS a cualquier precio y encargo la tarea a quien más de cerca seguía su estela, nadie dudaba del acuerdo de integración. Era cuestión de tiempo, listas y nombres. Del programa nunca se habló y de la estrategia electoral tampoco. Pero se acercó la hora y en el último minuto quebró el apaño. Ni las encuestas ofrecían ya tanto margen, ni la izquierda seducía al socio. Así que algunos/as trataron de hacer de la necesidad virtud y se presentaron en sociedad como adalides de la marca IU, la misma marca electoral que han despreciado hasta hace unas semanas y que llevan año y medio subastando en el misterioso mercado de “los de abajo”.

Algunos colectivos de las personas expulsadas de IUCM, que han ratificado su voluntad de no reafiliarse a la nueva organización, han llegado a la conclusión de que su legitimidad se engrandecería participando activamente en a campaña electoral del candidato Garzón. sostienen que ellos son parte de IU y que lo quieren seguir siendo a pesar de las diferencias que les separan con el proyecto y la estrategia de sus actuales dirigentes. No es nuestra función “interpretar” su voluntad. Sí lo es analizar su decisión. Prestar al actual núcleo dirigente de IU -que no le demos vuelta, es el que aparece social y mediáticamente representando a Izquierda Unida- el apoyo para SU campaña electoral, constituye un mal gesto hacia la militancia de IUCM, expulsada de IU, vejada en la reciente campaña de las elecciones autonómicas y municipales y víctima de un golpe de mano a fin de ser sustituida por una estructura de organización y unos/as dirigentes inventados para acabar con IUCM. Allá cada cual con sus cálculos y ecuaciones. No nos gustaría que estos forzados movimientos de apoyo acabasen reconsiderando su destino y sucumbiendo a futuros cantos de sirena. Veremos.

El programa, el candidato, el voto

Hacer balance de una legislatura y compartir un diagnóstico político de lo que pasa es condición necesaria para disponer de un programa electoral ajustado a las demandas de la sociedad actual,. Pero no. La dirección federal de IU ha preferido responder a la crisis y al estancamiento de la economía, el empleo y los sistemas públicos de protección social con el radicalismo estéril del populismo. Acosada y acelerada por la ruptura con PODEMOS, se ha envuelto en la bandera de la unidad popular –un inexistente proceso de convergencia, que actúa de coartada para buscar compañía inventada a IU- y ha improvisado y sugerido un programa electoral extravagante, irrealizable, y más parecido al programa fundacional de PODEMOS, que a un verdadero programa de gobierno.

Las prioridades de un programa de izquierdas, realizable y con vocación de gobierno, capaz de derrotar en las urnas el programa conservador -los derechos de las trabajadoras y trabajadores en el contexto de un política económica, la derogación de las últimas reformas laborales, la estabilidad y calidad del empleo, la mejora de los salarios, la negociación colectiva, la lucha contra la desigualdad y la exclusión social, el apoyo a la ILP de CCOO y UGT para una renta mínima, la sostenibilidad y garantía del sistema publico de pensiones, los servicios sociales, la igualdad y la violencia de género, las políticas públicas y el nuevo modelo productivo, una reforma fiscal justa y suficiente, educación y sanidad publicas y de calidad, una reforma constitucional para articular el territorio y los derechos sociales y laborales, vivienda digna, o un sistema financiero con banca pública que garantice el crédito– o no se abordan en el programa de IU o, si se hace, se recurre a propuestas retóricas y radicalmente incompatibles con las políticas públicas que la izquierda debe gestionar y defender.

Fuimos expulsados y expulsadas de Izquierda Unida. La federación en la que militábamos fue disuelta. Nadie nos abrió expediente ni fundamentó las razones de aquella decisión. Reclamamos que un conflicto político se dirimiera en el ámbito del debate político. Recurrimos a Comisión Federal de Garantías y recibimos una vulgar respuesta de rechazo. Acudimos a la Justicia pidiendo medidas cautelares contra la expulsión y el respeto a nuestros derechos constitucionales, siendo, en principio, rechazadas las medidas cautelares, mientras sigue adelante el proceso. si nuestra capacidad de asombro no nos turba ante los llamamientos al trabajo y la unidad en tiempo electoral por parte de la dirección federal, y aún mantenemos la suficiente dignidad y coherencia para actuar en nombre de IUCM, debemos decir que no podemos hacer campaña, para la candidatura que encabeza, en la circunscripción de Madrid, Alberto Garzón, principal abanderado de nuestra expulsión y cara visible de un programa electoral que no compartimos, y que poco o nada tiene que ver con el que dio vida a Izquierda Unida, un proyecto que, a pesar de su profunda desnaturalización, muicha gente del Foro sigue empeñada en recuperar. El voto de cada una de las personas que integran el Foro de IUCM será el que ellas mismas decidan. sera un voto de izquierdas. Pero la posición política del Foro es la que corresponde a un amplio colectivo que analiza, debate y emite opinión. Ni más ni menos.

(*) El foro de IUCM se constituyó el pasado 18 de octubre. Lo forman militantes, dirigentes y cargos públicos de IUCM, expulsados/as de IU y que exigen la restitución de sus derechos políticos y colectivos sin apaños, atajos ni componendas. Representan a unas 1.200 afiliadas y afiliados de IUCM, sin duda el grupo más numeroso de la ex federación de IU. Se constituye como Foro, que no en partido, con el único objetivo de impulsar y debatir la reconstrucción de la izquierda y de un potente polo progresista en nuestra comunidad.

Izquierda: dignidad o cambalache

La decisión no es fácil. Con frecuencia la dignidad actúa a modo de excusa y el cambalache de sumar deriva en aparente generosidad. Pero las izquierdas se encuentran en la encrucijada, justo cuando un programa de cambio podría derrotar en las urnas al ideario conservador

iuhundidaRecientemente, un artículo de Manel García Biel alertaba sobre la necesidad de trascender al hecho electoral y blindar formaciones políticas y proyectos culturales e ideológicos sin los cuales no sería posible entender la historia de Catalunya e imaginar un futuro de cambio y transformación social. Se refería, se refiere a ICV y PSUC (sin apellidos). Las izquierdas se debaten entre la dignidad y el cambalache, en un contexto de probada complicidad ciudadana con la llamada nueva política, y de programada desmemoria hacia la lucha de un país por la libertad y la democracia.

El 15M llenó de gentes diversas calles y plazas de las ciudades españolas. Gritaron a las fuerzas políticas parlamentarias que no les representaban y levantaron banderas y programas de cambio para ensayar una revolución de urgencia. Muchas voces y opiniones mediáticas valoraron lo ocurrido y lo calificaron de “repolitización de amplios colectivos sociales, fundamentalmente jóvenes”, y de estruendoso toque de atención a lo que llamaron ‘política institucional y/o bipartidismo’. La historia se empezó a contar a partir de entonces y varios grupos y colectivos empezaron a construir una crónica de la nueva política, a medio camino entre la asamblea de acampada y la transversalidad de la política anticasta. No faltaron quienes, autoinvitados a todas las fiestas, quisieron integrar con aparente normalidad aquella masiva indignación en la doctrina de repúblicas, poder popular y economía de diseño.

De aquella indignación de alianzas y confluencias contra la política hasta entonces conocida, que siempre pasó de puntillas por el conflicto económico y social -solo reclamado para arremeter contra el movimiento sindical- nació Podemos y hete aquí, que un par de años después nos queda un partido, cada vez más partido y menos movimiento, centrado y centralista, que recela de modelos de organización política y electoral abiertos a la convergencia con otros, y que con sostenida celeridad ha llegado a la conclusión de que ellos deben ser exactamente lo mismo que negaron ser, un poco más atrevidos en lo intrascendente, y más moderados en lo realmente decisivo. Un partido electoral dirigido por un núcleo de dirección muy cerrado.

IU cambia de bando
A cinco mil militantes de IUCM la dirección federal los echó de la organización por negarse a subastar el futuro de IU en un mercado de objetos no identificados. No fue fácil la decisión de IUCM, que además de tener que pelear en un ambiente mediática y políticamente hostil, tuvo que lidiar con una campaña infame de la mayoría de los dirigentes federales -con Garzón al frente-, que por primera vez en la historia de un partido pidieron el voto para una formación política distinta a la suya. Paradojas de la vida, los partidarios de la “unidad popular sin fronteras”, que no dudaron en depurar la organización como nunca antes se había visto en IU, encabezan ahora una cruzada de campaña –lo primero es IU- con la misma credibilidad que un liberal hablando del estado del bienestar. No en vano buena parte del equipo de Garzón se bate en retirada y lamenta su desengaño ante las promesas incumplidas. Alguno de ellos ha abandonado ya Izquierda Unida.

En realidad asistimos a una deriva indeseable. IU debió defender con lucidez y firmeza su territorio, un territorio que nunca fue ajeno a la convergencia social y política, y que seguramente exigió anteponer el consenso político y programático al trueque de la banalidad y de los cargos. Desde las elecciones europeas, el mismo núcleo de dirección federal que hoy luce músculo identitario, improvisó un viaje a lo desconocido en el que solo quedaba clara una conclusión: el futuro de IU es el de Podemos. “Unos ponen el aire fresco y las ideas, otros la organización y la militancia”, decían sesudos intelectuales de la nada. Y así nos va. La unidad popular, antes Ganemos, después Somos, más tarde Ahora en Común, y en la actualidad Izquierda Unida con apellido incorporado, se presenta a las elecciones con rostro conocido y política impostada. Alguien hace de la necesidad virtud, y habla de dignidad frente a cambalache. Se equivoca y lo sabe. La actual dirección federal de IU no está en condiciones de liderar ahora el mismo proyecto que aborreció hace un mes. El único gesto de dignidad creíble de los dirigentes comunes o populares de IU hubiera sido reconocer públicamente su disparatada aventura y propiciar en tiempo electoral un encuentro urgente de todas/os en el interior de IU para una candidatura fuerte de convergencia social y política, con destacado protagonismo de IU. Pero han optado por el viejo tic del sectarismo: tenían razón cuando echaron a los que defendieron IU frente a la humillación y la subasta, y tienen razón ahora cuando hacen lo contrario. De una orilla a la otra sin inmutarse. Aunque yo confío en Quevedo cuando advierte que “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

Por eso, las izquierdas andan desconcertadas justo cuando las derechas recuperan aliento, en buena parte como consecuencia de la trayectoria errática de aquellas. Y lo peor de todo esto es que el candidato a la presidencia del Gobierno de IU ha creído que la mejor manera de corregir errores es acudir al radicalismo populista del programa electoral. A los que hasta hace unas horas eran, según sus palabras, la esperanza de los de abajo (Podemos), los acusa de entregarse a la moderación y el centro, de dar la espalda a la revolución y de traicionar la unidad popular. Sugiere iniciativas de diseño para la economía, la educación o el empleo, y vuelve confundir el programa electoral con los principios ideológicos de IU. Cuenta con una ventaja. Cierto aparato mediático le sigue prestando su apoyo y a menudo se dirige a la ciudadanía por televisión, lo que le convierte en una compañía familiar en muchos hogares españoles, y eso es un buen aliciente para el voto.

La izquierda es o debe ser otra cosa. El debate que nos espera antes, durante y tras las elecciones no puede responder a estos arrebatos de gestos y ocurrencias. Necesitamos renovar las formaciones de la izquierda, renovar las estrategias del cambio, renovar el discurso político y la organización; pero para eso no es necesario volver al rancio estalinismo vestido de unidad popular, ni sumarse porque sí a la hoguera de las vanidades de la nueva política. He visto a históricos/as dirigentes de la izquierda marcharse sin hacer ruido (y sin el más que merecido reconocimiento institucional) y a jóvenes de la nueva política (o no tan jóvenes) instalarse en la vida institucional con desbordante entusiasmo. Conviene en consecuencia, anteponer ideas a cambalaches y trascender a los juegos malabares de unidades populares más aparentes que reales.

Luis María González

Por una nueva mayoría.

BSPCreo que existe un gran vacío en la izquierda no socialdemócrata que no va a ser ocupado ni de lejos por los tacticismos oportunistas, sobretodo si, echando la vista hacia atrás vemos que los partidos, candidaturas de una supuesta “unidad popular”, confluencias… se han ido constituyendo en muchos casos con lo peor de cada casa, llegando a ser lanzaderas de trepas y cambia-partidos compulsivos.

Los sujetos del cambio no son chiringuitos montados a base de personas que a lo largo de su vida han pasado por distintos partidos, incluso manteniendo posiciones ideológicas contrapuestas, oportunistas, el sujeto del cambio sigue siendo la clase trabajadora.

El axioma que en los años 20 del siglo XX dió lugar a la gran escisión en el movimiento obrero y en la izquierda a nivel mundial sigue siendo válido, Guerra o Paz, sobretodo viendo lo que Europa está haciendo y con ella sus gobernantes, y algunos que desde esas confluencias ciudadanistas jalearon y animaron a las intervenciones militares de la OTAN. Sí, sigue siendo válido, los que nos reclamamos de la izquierda alternativa seguimos apostando por la Paz y el acuerdo sobre bases comunes como elemento disuasorio de los conflictos entre los pueblos.

Los parámetros sobre los que se está moviendo la “nueva política”, algo que desde la izquierda siempre llamamos la “gauche divine”, es que para ellos el sujeto del cambio es la ciudadanía, y aquí meten las contraposiciones ciudadanismo-clase trabajadora, ni izquierda ni derecha, arriba-abajo…, este concepto, de por sí nada nuevo, data del revolucionarismo francés ilustrado del siglo XVIII, y para ello no dudan en menospreciar a los instrumentos de los que se ha dotado tradicionalmente la clase trabajadora, llegando incluso a decir algunos ilustres de sus representantes que este tipo de organizaciones no son necesarias.

Para ellos es fundamental la ruptura con lo que han dado en llamar el Régimen del ’78, pero si se ahonda en sus propuestas, pocas por cierto,  esta ruptura es meramente de fachada, sólo institucional, un quítate tú que me ponga yo, no proponen nada distinto más que recuperar el supuesto estado de bienestar de mediados de los ’80 a los ’90, para estas confluencias ciudadanistas todos y todas somos ciudadanos y ciudadanas, tanto Patricia Botín como el último parado registrado, es el interclasismo en su estado más puro, dicen luchar, van en metro y en bici, pero no se cuestionan el sistema que ha generado desigualdades que oprime y extorsiona, el sistema capitalista.

Están demostrando que son la punta de lanza del llamamiento Nicolás Sarkozy a la refundación del capitalismo. ¿Quién nos iba a decir que esa refundación vendría de quien hasta ayer eran nuestros compañeros de viaje?, y lo que es peor, que desde nuestras filas se les diera alas y aliento, hasta convertirlo en el punto estratégico fundamental, no dudando para ello en expulsar, desvincular, abandonar.

Deberíamos empezar a creernos que un periodo ha terminado, seguro que antes de tiempo, que unas siglas que ayudamos a fundar en 1986 ya no son garantía de nada y menos sus actuales dirigentes transmutados en una auténtica nomenclatura de “listos” dirigiendo a “tontos”.

Es el momento de empezar a forjar un nuevo proyecto estratégico, amplio y de izquierdas, sin ningún tipo de prisa electoral, un proyecto exento del tacticismo como herramienta fundamental del posicionamiento político, cuyo eje fundamental de desarrollo siga siendo la relación capital-trabajo, con un programa de mínimos y con toma de postura ante puntos esenciales.

Un proyecto que no invite a nadie a dejar nada por el camino, un lugar de encuentro de distintas formaciones políticas, sociales y de personas a nivel individual y donde nadie se sienta excluido por pertenecer a tal o cual partido, asociación o movimiento, que sea fruto de la convergencia entre iguales, y que acoja en su seno a la inmensa mayoría de los sectores progresistas como entidad política autónoma, distinta y diferenciada.

Proyecto para la actividad política permanente, como coalición y como movimiento sobre las bases del respeto de la diversidad ideológica que lo conforma, funcionamiento democrático y unidad de acción. Que no sea ni fusión ni partido instrumental, que sea un acuerdo político donde cada uno de sus participantes mantengan su identidad, abierto a la incorporación de organizaciones y personas a nivel individual, con posiciones de izquierdas, progresistas y avanzadas democráticamente.

No ceo que sea difícil, pero tampoco nada fácil, porque ese proyecto tiene que ser visto como el peligro más serio para las clases dominantes, esos son nuestros adversarios.

Por un Espacio de Encuentro Comunista.

Por su interés, publico aquí el encuentro que tendrá lugar el día 26 de septiembre, sábado, en Madrid, y me sumo a la divulgación de la convocatoria difundiendo el texto, como están haciendo en otros blogs.

Twitter: @Enc_comunista
Texto de la convocatoria:
Convocatoria por un espacio de encuentro comunista
La audiencia a la que va dirigida este texto no necesita que aportemos un repaso retrospectivo de los orígenes de la crisis económica. Tampoco buscan soluciones a ella en recetas keynesianas o en la vuelta a unos tiempos idílicos de capitalismo “amable”. Baste decir que escribimos para aquellos que saben que el problema es el capitalismo y que su solución exige su derribo y la construcción de una sociedad socialista.
Sin embargo, si el contexto económico no requiere de aclaraciones especiales, sí vemos necesario precisar la visión del contexto político que nos lleva a ponernos manos a la obra.
El estallido de la última crisis ha derrumbado en Europa los últimos restos del espejismo de Estado del Bienestar que inició su desmonte en los años 70. En los países del sur hemos vivido el problema con mayor intensidad al no partir de los mismos niveles de desarrollo que los del norte. La pérdida de la ilusión de ser (o llegar a ser) clase media y de que los hijos vivirán mejor que los padres desubica, a la vez que “indigna”, a amplias capas de la sociedad que no encuentran un sentido político en el que encajar su futuro.
El riesgo de que la mayoría de esos sectores tomase conciencia de su ubicación real en la estructura social y se reconociera a sí misma como clase trabajadora fue rápidamente atajado por el sistema. En algunos países ha bastado con la irrupción de la “tecnocracia”. En otros países con una tradición más combativa y con resistencias recientes más firmes eso no era suficiente: ocuparon el espacio con actores nuevos que arrastraron a los desubicados a un redil controlable. Tanto en Grecia como en España se puso en marcha el mismo mecanismo: la creación de formaciones populistas y ciudadanistas, que renuncian a la ideología, que niegan la clase, que afirman que el capitalismo puede funcionar si se le hacen unos ajustes, que hacen de la “democracia” una solución fetiche en sí misma.
Es hora de desenmascarar el mito de una clase media no patrimonial, ni propietaria de empresas o negocios, y que cree no ser trabajadora sólo porque unos sueldos más elevados que la media les permitieron acceder durante los años de crecimiento económico a unos niveles de consumo superiores al resto de asalariados. Esa falacia se cae cuando la crisis capitalista les ha resituado en un descenso de niveles de vida, han perdido sus puestos de trabajo o se han enfrentado a la abolición de muchos de sus derechos laborales. Pero es necesario dar, más allá de la testarudez de los hechos, la batalla ideológica por explicar cuál es la auténtica naturaleza de la relación capital-trabajo.
La lucha frente a esta maniobra no ha sido firme sino muy débil en lo ideológico y reformista en lo político. Las organizaciones de la izquierda institucional se han limitado durante décadas a denunciar las políticas del gobierno de turno, proponiéndose como alternativas gestoras de unas tímidas reformas que aliviasen las condiciones de sobre-explotación y prometiendo una salida progresista de la crisis. Nada que rompiese con los límites de la legalidad del sistema político y económico. Tampoco las diversas organizaciones comunistas revolucionarias, algunas de largo recorrido, han logrado  conformarse en espacios de aglutinación de nuestra clase y de respuesta al capital. Cuentan con unos militantes imprescindibles, pero no consiguen la capacidad de crecimiento y acumulación de fuerzas que el momento demanda.
En esta situación, cuando los marxistas deberíamos haber conquistado una posición clave en las aspiraciones y la confianza de los desposeídos, nuestra situación es muy débil: no tenemos respuesta coordinada, no tenemos voz para llevarla a la calle y ni siquiera tenemos unidad de acción para superar esta situación. En unos pocos años, paradójicamente cuando más necesario es, el marxismo puede quedar fuera de la experiencia vital de las nuevas generaciones de jóvenes.
Estamos convencidos de que en estos momentos hay gran cantidad de personas de  identidad comunista que han abandonado las organizaciones en las que ya no creen sin por ello renunciar a sus convicciones. Marxistas que se niegan a continuar tapándose la nariz para participar en proyectos que ven vacíos de antemano. Ex-militantes con la suficiente formación y sentido crítico como para sentirse incómodos en asambleas en las que todo se está constantemente comenzando de cero y en las que se huye de la más mínima organización que multiplique las fuerzas y dote de estrategia a la lucha.
Creemos que juntos somos mucho más de lo que imaginamos. Por eso nos animamos a escribir este llamamiento. Partimos de la confianza en el compromiso de quienes nos negamos a aceptar como horizonte la falsedad de un “capitalismo de rostro humano”, desmentido por la cotidiana realidad en cada minuto de nuestras vidas, y que aspiramos a una sociedad emancipada de la opresión de clase. Confiamos también en su sentido de la responsabilidad para continuar el combate. Nuestra unidad es necesaria para movilizar a los trabajadores en la búsqueda de la alternativa al capitalismo.
Llamamos a todas aquellas personas, colectivos y organizaciones que saben que la salida de esta situación no está en limar las aristas del capital, sino en acabar con él; es decir, en la lucha por una sociedad sin explotadores ni explotados, en la lucha por una sociedad socialista. Planteamos la necesidad de una herramienta colectiva que nos permita la unidad de acción y un debate sobre las bases del marxismo, entendido éste en un sentido amplio que incorpore las aportaciones del leninismo y de otras corrientes que han enriquecido la teoría de la praxis.
No pretendemos hacer discursos grandilocuentes, estamos convencidos de la responsabilidad que afrontamos todos y todas. Proponemos ya un primer paso. Tenemos la necesidad de un espacio de encuentro común, en el que se puedan sentir cómodos todos los comunistas, tanto los que provienen de organizaciones como los que no. Será necesaria una buena dosis de generosidad, actitud y mente abiertas y voluntad unitaria para echar abajo los muros que aparentemente nos separan; unos obstáculos que muchas veces han sido erigidos por nosotros mismos. Debemos dejar respirar al marxismo como teoría viva y transformadora para que refuerce su condición de terreno fértil en el que se promueve el debate, la reflexión y la práctica, sin llaves secretas que dan la razón a unos elegidos. Un lugar donde analizar entre camaradas la nueva realidad, en el que la teoría dé respuesta a la lucha y sus formas y en el que construir la unidad de acción necesaria para alcanzar el éxito. Un espacio que, desde su nacimiento, se sepa parte de la lucha internacional contra el capital.
Ratificamos como una sola voz las últimas palabras de Rosa Luxemburgo:
 
“¡YO FUI, YO SOY, YO SERÉ!”
 
Convocatoria del encuentro:
 
SÁBADO, 26 DE SEPTIEMBRE, 11:30 A 14 HORAS.
 
C.A.U.M. C/ ATOCHA, 20 – 1º IZDA.
Puedes descargar el llamamiento aquí.