la izquierda y su deriva al lerrouxismo

lerrouxLa profunda transformación social que ha sufrido la población en nuestro país en los últimos 40 años, las políticas conservadoras y neoliberales auspiciadas por los equipos capitaneados por Reagan y Thatcher en la década de los ’80, la caída de un sistema mal llamado socialista que no era más que un capitalismo de estado, incluso la batalla de las palabras que las ha transformado hasta en su mismo concepto, hicieron junto con un gran cúmulo de errores que, por un lado lo que se vino llamando socialdemocracia haya derivado en un apéndice al que asirse en las épocas de bonanza de un sistema que no tiene la más mínima intención de socializarse, sino más bien profundizar en la acumulación de riqueza, no ya sólo de manera económica sino a través de transnacionales que no dudan en desestabilizar países, o simplemente creando nuevos mercados a través de la aparición de nuevos entes nacionales producto de la ruina de otros.

Por otro lado la izquierda no socialdemócrata, esa izquierda diversa y plural que en las últimas décadas nos tiene acostumbrados a reaccionar tarde y mal, y que aún no se ha repuesto de la caída de un bloque que pareciera ser una reserva espiritual. Esta izquierda ha reaccionado como gato panza arriba, o bien encerrándose en grupos dogmáticos y sectarios incluso dentro de organizaciones plurales y de carácter unitario, o bien huyendo hacia delante en una carrera desenfrenada por quemar etapas hacia no se sabe donde.

La derrota en todos los frentes es total, salvo honrosas excepciones, y donde se resiste o resistía a través de estructuras unitarias, se corre el peligro de dejar en manos de grupúsculos muy ideologizados y sectarios su control, dando al traste bien con luchas laborales puntuales pero con fuerte impacto social, bien con proyectos de transformación política de la sociedad.

En esas estábamos cuando esta última crisis (que vamos a seguir padeciendo) remueve los cimientos nacionales, sociales, políticos y hasta del mismo sistema económico que la engendró, y los que nunca habían padecido una crisis sistémica (haced memoria las crisis en el capitalismo son cíclicas. Cuántas habéis vivido ya) les toca de lleno, encontrándose en un absoluto desamparo desde un punto de vista político e incluso sindical, cuyas organizaciones no eran capaces desde hacía algún tiempo de dar respuesta a nuevas formas de hacer y que últimamente, con la que estaba cayendo, estaban más preocupadas en guardar cuotas de poder en vez de saber canalizar nuevos discursos y programas ante el creciente descontento social; no hablemos ya de propuestas estratégicas.

Y en este caos imperante, crisis, socialdemocracia, capitalismo, izquierda o izquierdas, neoliberalismo, nacionalismos… en el que no hay sensibilidad suficiente por sacar partido a propuestas transformadoras, de clase, que hundan sus raíces en la tradición del movimiento obrero en España, pero que lo saque del maremágnun y lo lance hacia el futuro; como decía en este caos, las mentes preclaras (viejas y nuevas) de la izquierda española lanzan a unas personas con fuerte personalidad, algunos son polemistas agresivos, que no han dudado en abrazar hasta el 2013 las banderas rojas y toda suerte de herramientas en sus insignias, pero a los que consideran una gran promesa al estilo “Sálvame”, hombres y mujeres de paja de los consorcios mediáticos que los fichan por grandes sumas de dinero, que nos dicen que todos, políticos, banqueros, sindicalistas, ricos, pobres, que no hay clases sociales, que están los de arriba y los de abajo, que no hay izquierdas ni derechas, que quieren que todo el mundo trabaje, que todo el mundo produzca, y a eso lo llaman ciudadanismo, un lenguaje semi-libertario, que con buena oratoria para eso se han preparado en las mejores universidades, han viajado y dado clases de retórica, van a adormecer y calmar la sed de cambio de la sociedad española.

Los programas ya sólo son un conjunto de sugerencias (ha dicho Manuela Carmena), antes decía una cosa, ahora digo otra, y en vísperas de elecciones ya veremos. Estamos ante el cambio sin cambiar nada.

Esto no es nada nuevo en nuestro panorama político, esto ya se practicó en los años de la Restauración, quizás porque muchos y muchas duermen todavía la modorra de cuarenta años de dictadura franquista no lo saben o no lo quieren saber, pero ya lo practicó Alejandro Lerroux, sólo hace falta acercarse a sus escritos o a artículos periodísticos de la época, para ver cuan parecido es el lenguaje, la falacia, la mentira y el engaño con los nuevos gallos de la política española de hoy, da igual que sean Toni Cantó, Albert Rivera, Pablo Iglesias, Tania Sánchez, Manuel Monereo o Alberto Garzón, todos están cortados por el mismo patrón radical de cambio sin cambiar nada, sólo es un quítate tú que me ponga yo, son el recambio de un mismo sistema político y económico que ve como se agota el filón de los políticos de la Transición y han encontrado una nueva veta, para seguir ejerciendo lo mismo, son los demagogos que están adormeciendo a la clase trabajadora. Para ello cuentan asimismo con elementos dogmáticos y extremistas para que el juego este completo como la dirección actual del PCE o del PCM que llenándose la boca de palabras tan importantes para la clase obrera como unidad popular, las matan en su contenido, enrocándose y desempolvando viejas actitudes y prácticas más propias del partido de los cien niños que de los líderes que pasean en sus escritos y manifestaciones como Dolores Ibárruri o Pepe Díaz.

Para otro día dejaré a los líderes que no han sabido dar un paso atrás, que se enfadaban en sus mítines echando broncas a los asistentes, o que enmierdaron los órganos de dirección dejándolos únicamente para “fontanear” ya que para ellos las organizaciones sólo debían ser una casta-caspa dirigente y la masa que pegaba carteles sin rechistar. ¿Verdad Julio?

Giro a la Izquierda por Paco Arnau

Mi compañero Vigne ha insertado esta entrada en su blog elblogdelviejotopo y no he podido más que estar de acuerdo con él, por ello inserto desde aquí, este breve pero esclarecedor post de Paco Arnau, @ciudadfutura, sobre la desideologización de la izquierda y el peligro real y en ciernes de caminar hacia el modelo italiano.

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¿Cambiar todo para seguir igual?

Oleagatopardodas de plataformas, mareas, candidaturas en común, candidaturas divergentes, partidos tradicionales, los de arriba, los de abajo, los que no son ni de izquierdas ni de derechas, que no falten los que dinamitan proyectos desde dentro, comúnmente denominados quintacolumnistas, los que acusan, los puros y los arribistas, los pijoprogres, los sujetos políticos del cambio para no cambiar nada, los que viajan en bicicleta o en metro como grandes propuestas revolucionarias, trepas, cambiapartidos, oportunistas, gallos de pelea, y mucho vanity fair. Todo les vale para no hacer una sola propuesta transformadora y superadora de la realidad, y cuando las hacen resulta que son propuestas de otros de allá por 2007.

Con toda esta fauna se están topando las izquierdas en el escenario ibérico, en definitiva con politiquillos de tres al cuarto que van a dejar el panorama político de la emancipación de la clase trabajadora tan arrasado que se tardarán lustros en volver a tener una mínima organización de clase, con discurso de clase y proyecto de clase.

Loados sean los dioses del Olimpo han llegado los ciudadanistas, los de “to er mundo e güeno”, parece ser que no sólo están reinventando la transición, están yendo más allá en una regresión histórica que puede acabar en la reinterpretación de la mismísima prehistoria y su “comunismo primitivo”. Se han dejado a un lado los clásicos del socialismo científico que son muy lentos y además dan dolor de cabeza, por una especie de reinvención de la ciudadanía como máxima expresión de su ideología, sin tener en cuenta que como van tan deprisa hay cosas que ya están inventadas. Ver “La invención de la ciudadanía, como elemento constitutivo de la política moderna durante la Revolución Francesa” de Irene Castells, « La ciudadanía revolucionaria », Erytheis, 1, mayo de 2005, http://idt.uab.es/erytheis/castells_es.htm

Pues mira tú por donde, que algunos y algunas, nos negamos a ello, y no vamos a participar de semejante engendro. Reconocemos que se han leído mal los cambios producidos en la sociedad española, que el tacticismo se ha superpuesto a la estrategia, que el discurso no es el mejor, que la retórica es anticuada, que el método es francamente mejorable y que las formas de organización son viejas, pero que el sujeto del cambio, el sujeto revolucionario sigue siendo exactamente el mismo, la emancipación de la clase obrera, entendiendo esta en el sentido más amplio. Sin esa clase no hay cambio, lo único que habrá serán retoques a un mismo sistema que unas veces será menos malo, otras malo, y otras tremendamente malo.

La diferencia entre un proyecto y otro, es que mientras uno creen que todavía se está en el Antiguo Régimen y hay que construir la etapa burguesa, otros creemos que se está en uno de los momentos en los que es más necesaria que nunca una alianza de las fuerzas de la transformación, para como mínimo enfrentar una nueva situación en la relación capital-trabajo.

No hay nada que inventar, o se está por la construcción de un frente amplio entre las fuerzas de la transformación, en la que ninguno de sus componentes tenga que renunciar a ninguna de sus señas de identidad, lo que se denominaría una construcción entre iguales, o se está por la construcción de un partido radical que no cuestione los fundamentos mismos del sistema, no ya políticos sino también económicos.

Es en esto último en lo que están unos con toda su diarrea verbal, mientras otros buscamos no un hoy, sino un mañana.

Nunca digas “ahora o nunca”. Daniel Kaplún

Excelente análisis de Daniel Kaplún en torno a las pasadas elecciones y el supuesto y anunciado fin del bipartidismo, así como alternativas para “definir que se está entendiendo por “unidad popular””

Transcurrido algo más de un mes desde su celebración, ya se han escrito (y se siguen escribiendo) ríos de tinta sobre los resultados de las pasadas elecciones municipales y autonómicas. No pretendo, por lo tanto, incorporar nuevos elementos al respecto, sino más bien sintetizar, de forma crítica y personal, las distintas aportaciones que se han ido volcando en los numerosos artículos publicados, y las iniciativas y reacciones políticas que se han ido generando a lo largo de estos días.


1.El bipartidismo está tocado, pero no hundido

En el acumulado nacional de las elecciones locales, el PP obtuvo un27,05%, y el PSOE un 25,02%, lo que viene a representar en conjunto un 52,07% de los votos válidos para el llamado “bipartidismo”.

A nivel autonómico, considerando el acumulado de las 13 comunidades en las que se celebraron estas elecciones, los resultados son aún menos rupturistas: el PP un 30,45%, el PSOE un 24,83%, lo que viene a sumar un 55,28% para el dúo de la alternancia tradicional.

A la vista de estos datos, no puede afirmarse que el bipartidismo esté acabado, y menos aún si lo comparamos con los votos obtenidos en las anteriores elecciones europeas: PP, 26,06%; PSOE, 23%; acumulado de ambos, 49,06%. Es decir que no sólo no ha seguido retrocediendo, sino que ha recuperado parte del terreno perdido desde 2011. Y, lo que es aún más grave, nos guste o no, el PP sigue siendo la fuerza más votada en el conjunto del territorio nacional, pese a los recortes, la corrupción, las privatizaciones, la precarización, el desempleo y todas las demás responsabilidades que se le puedan atribuir (con toda razón, pero con efecto electoral cuando menos insuficiente).

La mayor o menor habilidad de la izquierda para tejer alianzas (entre sí y con otras formaciones) en cada territorio concreto va consiguiendo que el PP pierda una parte importante de su poder territorial, pero de ningún modo por la fuerza de una única organización, por más ciclónica que ésta haya pretendido ser (o lo haya aparentado, al calor de los sondeos de intención de voto publicados).

2.Y Podemos no puede

Porque, entre tanto, los resultados obtenidos en las autonómicas por Podemos, el partido del “ahora o nunca”, tienden a sugerir que, en contra de lo que predica su slogan, “el momento NO es ahora”: un 14,16% en el acumulado de las 13 comunidades, es decir algo muy similar a lo que los sondeos pronosticaban para Izquierda Unida antes de la entrada en escena de la organización del círculo morado.

A nivel municipal, como es sabido, la comparación es prácticamente imposible, puesto que Podemos no se ha presentado con su propia marca, y sus organizaciones locales, cuando se han implicado, lo han hecho en candidaturas mixtas, de composición y forma jurídica extremadamente variadas, lo que imposibilita cualquier acumulación.

3.La “unidad popular”: ¿opción táctica o cuestión de principios?

El éxito innegable de algunas de esas “candidaturas ciudadanas” o de “unidad popular” (éxito relativo, por otra parte, puesto que ninguna de ellas ha llegado a alcanzar el 35% de los votos válidos) ha venido a dar nuevas alas al discurso, ya ampliamente manejado durante toda la campaña electoral (e incluso antes) por parte de algunos dirigentes políticos de ámbito nacional, sobre la perentoria necesidad de la “unidad popular”: ninguna organización podría por su sola fuerza hacer frente al bipartidismo con posibilidades reales de triunfo, es indispensable que todas ellas (o al menos las más poderosas y representativas) se unan para conformar un frente común, porque “la suma multiplica”.

Esta idea del efecto multiplicador de la convergencia está basada en los resultados (ciertamente muy importantes) obtenidos en 5 ciudades (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Santiago de Compostela y A Coruña) en las que tales candidaturas unitarias han logrado gobernar, siempre gracias al apoyo de otras fuerzas (fundamentalmente el PSOE o sus respectivas filiales regionales).

Pero si comparamos los resultados conseguidos por las candidaturas unitarias a nivel local con los de Podemos e Izquierda Unida a nivel autonómico, allí donde es posible (es decir, en las 13 comunidades que se rigen por el artículo 143 de la Constitución y, por lo tanto, celebraron elecciones autonómicas el 24-M), comprobaremos que eso de que “la suma multiplica” no está tan claro, ni mucho menos. El cuadro siguiente presenta los resultados electorales de las 32 ciudades de más de 100.000 habitantes existentes en esas 13 Comunidades, comparando los votos obtenidos por las diversas candidaturas de la izquierda en las elecciones locales con los conseguidos por Podemos e Izquierda Unida en las autonómicas, y sus respectivos acumulados:

cuadro

NOTA: Por participación de IU en cada convergencia entendemos la integración de la FEDERACIÓN REGIONAL de IU en la misma, aprobada por su respectivo Consejo Político Regional

En el acumulado de las 32 ciudades,  lo que podríamos denominar la izquierda del PSOE ha conseguido en torno a 110.000 votos más en las elecciones locales, lo que viene a representar un incremento de un 9,5% sobre la suma de los resultados de ambas formaciones en las autonómicas. Pero este incremento tiene su origen casi exclusivamente en los votos obtenidos por Ahora Madrid: si excluimos a la capital del Estado, la diferencia cambia de signo, y se transforma en un retroceso de unos 83.000 votos. Y si vamos al detalle municipal, constatamos que sólo en 6 ciudades (Santander, Burgos, Valladolid, Alcalá de Henares, Getafe y Madrid) la “izquierda del PSOE” en su conjunto ha conseguido un mejor resultado en las elecciones locales que en las autonómicas, y (salvo en Madrid) con diferencias generalmente poco significativas.

La otra constatación que surge del cuadro es la gran diversidad de situaciones que se ha producido en estas 32 ciudades, puesto que sólo en 6 de ellas (Zaragoza, La Laguna, Burgos, Salamanca, Logroño y Alicante) puede hablarse de una convergencia plena (es decir, en la que al menos hayan participado abierta y oficialmente Podemos e Izquierda Unida), mientras que en las demás Podemos e IU han ido por separado, ya sea montando diferentes formas de “unidad popular” o presentándose en solitario. Incluso en 9 ciudades las divergencias internas en la militancia de Podemos ha llevado a la formación de dos “candidaturas de unidad popular” diferentes, impulsadas o respaldadas por distintas corrientes de este partido, lo que ha contribuido a una aún mayor confusión del electorado.

La segunda cuestión de carácter táctico que se plantea para justificar la necesidad de la conjunción de las fuerzas que se auto-posicionan (explícita o implícitamente) a la izquierda del PSOE deriva de la legislación electoral vigente que, como es sabido, tiende a perjudicar gravemente a las formaciones pequeñas frente a las mayores, sobre todo en las provincias menos pobladas. En esas provincias con pocos diputados, acumular votos puede facilitar el acceso a alguna representación que de ninguna manera podría alcanzarse por separado.

Este argumento es de pura lógica, aunque difícilmente demostrable en la práctica: sólo mediante sondeos específicos en cada circunscripción se podría estimar a priori en cuántas provincias se daría tal situación, y cuántos diputados más podrían conseguirse. No obstante, algo así se intentó (aunque tarde y mal) entre IU y el PSOE en las elecciones generales de 2.000, y los resultados son de sobra conocidos: mayoría absoluta del PP y pésima votación de ambos participantes en el acuerdo, por lo que los antecedentes no resultan precisamente muy alentadores.

Todo ello me lleva a pensar que la utilidad práctica de la tan manida “unidad popular”, “convergencia” o como se le quiera llamar es, cuando menos, dudosa.

Sin embargo, más allá de su éxito o fracaso electoral, la pertinencia de esa convergencia no me parece objeto de discusión. Y no me lo parece ahora ni me lo parecía antes: quiero decir que, a mi juicio, no se trata de una opción táctica dictada por la coyuntura electoral, sino de una cuestión de principios. La unidad de la izquierda ha sido y es algo que ha dado sentido a mi militancia desde siempre, como ya he explicado en mis dos artículos precedentes publicados en este mismo medio (vid: “El Frente Amplio uruguayo: ¿un ejemplo a imitar?” y “La necesaria convergencia de la izquierda: sus opciones y dificultades”. Y creo honestamente no haberme sentido nunca solo en esa aspiración vital: la propia creación, en 1986, de una coalición denominada “Izquierda Unida” tenía ese sentido, o al menos así creí entenderlo en ese momento, más allá de las divisiones, escisiones y otras desgracias internas que la han ido laminando en cada ocasión en la que parecía apuntar a cierta probabilidad, no ya de triunfo electoral, sino cuando menos de ejercer alguna influencia sobre el rumbo de la política en este país.

El origen (endógeno o exógeno, o en qué proporción uno u otro) de esas divisiones (casi siempre terminadas en escisiones) sería objeto de otra polémica en la que prefiero no entrar. Me limito a apuntar que, en sociología, tendemos a interpretar lo que aparenta ser una suma de casualidades como síntoma de una causalidad subyacente.

4.El problema no es el qué, sino el cómo

Pero cuando se alaba el éxito de esas candidaturas “unitarias” se las suele poner a todas en un mismo saco, haciendo caso omiso de las importantes diferencias que presentan entre sí, tanto en su forma jurídica como en su composición, su regulación interna, etc. Un mínimo de información política alcanza para comprender que “Barcelona en Comú” y “Zaragoza en Común” (por ejemplo) se han constituido como coaliciones de partidos, mientras “Ahora Madrid” se conformó como un “partido instrumental”, figura jurídicamente inexistente que, en la práctica, se traduce en el registro de un nuevo partido, con el acuerdo previo (de carácter privado y por lo tanto legalmente no vinculante) de cesar en su vida orgánica inmediatamente después de la convocatoria electoral para la que fue creado.

Y si vamos al detalle municipal, podremos comprobar que el panorama descrito en el cuadro anterior presenta una diversidad rayana en lo incomprensible para el votante medio: ciudades en las que IU y Podemos han participado en plenitud en una única convergencia, otras en las que cada una ha montado su “propia” convergencia, otras en las que IU ha concurrido con su propia marca y Podemos con una “marca blanca” claramente identificable, algunos casos en los que Podemos ha presentado dos candidaturas supuestamente vinculadas a distintas corrientes internas, otros en las que una corriente de IU se integró en una “convergencia” mientras que la otra se presentó por separado y con su propia marca, etc.

Este maremágnum de siglas, nombres y formas jurídicas dificulta enormemente la evaluación de los resultados y, sobre todo, el establecimiento de alguna lógica que permita interpretarlos y extraer conclusiones operativas de cara a las inminentes elecciones generales.

Es indispensable, por lo tanto, definir con claridad qué se está entendiendo por “unidad popular” porque, con el panorama actual, el término resulta tan ambiguo y polimórfico que corre el riesgo de transformarse en otro “significante vacío” (Laclau dixit), de ésos que tanto gustan a los estrategas de Podemos.

A ese respecto, entiendo que caben al menos cuatro formatos alternativos posibles:

  1. La coalición de partidos bajo un único nombre común. En este modelo cada organización conserva su marca e identidad propias, pero acuerda concurrir conjuntamente con las demás a una determinada convocatoria electoral. Es el modelo adoptado con éxito por “Barcelona en Comú” o “Zaragoza en Común”, entre otros ejemplos. Modelo frecuentemente denostado por los dirigentes de Podemos como “sopa de siglas”, pero al que se han plegado gustosamente en los casos mencionados. Por más que he estado sumamente atento a su discurso, aún no he logrado comprender qué ven de malo en eso de la “sopa de siglas”: supongo que forma parte del “anti-partidismo” que fue una de las señas de identidad del 15M, cuya herencia Podemos pretende reivindicar para sí.
  2. La creación de una nueva organización que aglutine a varias otras preexistentes, que acuerdan disolverse para integrarse en la nueva entidad. En este caso, se supone que los militantes se integran a título estrictamente individual y acuerdan prescindir de sus respectivas marcas electorales, al menos coyunturalmente. Es el modelo formalmente adoptado para la creación de “Ahora Madrid”, aunque en su funcionamiento real dicha prescindencia de las marcas originales e integración a título individual sólo se dio a medias y de manera bastante asimétrica, puesto que Podemos intentó abiertamente rentabilizar su participación en “Ahora Madrid” de cara a las elecciones autonómicas.

Una digresión marginal, pero no carente de importancia: la oposición de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid (IU-CM) a integrarse en lo que terminó por denominarse “Ahora Madrid” se fundaba en su discrepancia con este formato, no con la idea de la convergencia en su totalidad, como erróneamente se ha dado a entender con frecuencia por parte de diversos medios de comunicación e incluso por algunos dirigentes federales de IU. Es posible que IU-CM se haya precipitado un tanto en ese rechazo, puesto que en los hechos las pautas de funcionamiento finalmente implantadas en “Ahora Madrid” hubieran permitido solventar algunas de las objeciones que lo sustentaban, pero sigo pensando que había motivos fundados y sólidos para no plegarse a ese proyecto, y continúo albergando serias dudas sobre la viabilidad y efectividad del Gobierno local a que ha dado origen, aunque no dispongo de espacio para explicar más extensamente las razones que me llevan a ello.

  1. La absorción de varias organizaciones preexistentes en una de ellas, que se considera particularmente exitosa y, por lo tanto, capaz de afrontar con mayores posibilidades la convocatoria electoral de que se trate. Es lo que parece propugnar Podemos: absorber el mayor número posible de militantes y cuadros de las organizaciones preexistentes de la “izquierda real”, a título individual y previa renuncia a su afiliación anterior, hasta vaciarlas completamente y forzar su disolución. Naturalmente, este modelo es difícilmente susceptible de alcanzarse por consenso, y tiende a generar fuertes resistencias en las organizaciones destinadas al desguace.
  2. Lo que en los documentos emanados de las IX y X Asambleas Federales de IU se dio en denominar “Bloque Social y Político”, un concepto que parece superado por el paso del tiempo pero que, en los hechos, nunca se ha intentado con suficiente ahínco, por lo que su supuesto fracaso resulta indemostrable. Podría definirse como una hibridación entre los modelos 1 y 2: una coalición electoral que, a la vez que integra a diversas organizaciones políticas preexistentes que no renuncian a su marca e identidad propias, también posibilita la inclusión de personas provenientes de los movimientos sociales o simplemente simpatizantes de la coalición en sí, sin necesidad de que formen parte de ningún partido político en concreto.

En los hechos, éste fue (y sigue siendo) el modelo organizativo adoptado para la creación del Frente Amplio uruguayo, como explico detalladamente en mi artículo precedente ya mencionado. Modelo cuya validez sigo reivindicando, no sólo (ni tanto) por su demostrado éxito político y electoral, sino por su pertinencia ética y corrección política, de la que aún estoy totalmente convencido 44 años después de su nacimiento.

Aunque quizá no lo hayan explicitado con tanta claridad, entiendo también que éste es el modelo propugnado por Izquierda Abierta en su propuesta de “Frente Amplio” (de hecho la denominación no es casual, y la propia organización proponente reconoce su inspiración en el ejemplo uruguayo). En definitiva, una nuevo denominación (aunque de nueva no tiene nada) para un concepto acuñado y desarrollado por IU desde hace al menos 6 años, pero que hasta ahora no hemos sido capaces de llevar a la práctica.

Después de todo lo comentado, resulta evidente que personalmente me inclino por este último modelo, bajo ciertas condiciones que considero irrenunciables:

  • Que los partidos participantes no renuncien a su identidad y mantengan su organización y su vida interna
  • Que la dirección de la coalición sea coparticipada por todos los partidos integrantes
  • Y cuente además con una adecuada representación de las bases organizadas (llámense asambleas, comités o de cualquier otra forma)
  • Que se admita la posibilidad de militar en la coalición como tal, sin necesidad de una identificación partidaria concreta
  • Que la denominación adoptada sea completamente diferente e independiente de las de las organizaciones fundacionales
  • Que el cabeza de cartel (o candidato al principal cargo ejecutivo, en este caso la Presidencia del Gobierno) sea igualmente fruto de un consenso entre todas las organizaciones integrantes, y en lo posible no esté connotado por su pertenencia o vinculación explícita a ninguna de ellas en particular.
  • Y, por supuesto, que se estructure en torno a un programa de gobierno con propuestas concretas y tangibles, consensuado entre todas las partes (una especie de máximo común denominador) y susceptible de traducirse en un listado relativamente breve de acciones básicas.

Por supuesto, estas condiciones no resuelven por sí solas todas las enormes dificultades que plantea un acuerdo de esta naturaleza: quedan cuestiones tan complejas como las cuotas internas de poder y, consiguientemente, el método de conformación de las candidaturas, que la legislación electoral española no contribuye precisamente a facilitar, sino todo lo contrario.

En este sentido, las elecciones primarias (aunque no sean precisamente santo de mi especial devoción) pueden constituir un elemento objetivo al que acogerse para salvar algunos escollos (siempre que se logre garantizar su imparcialidad y limpieza, problema de momento no superado en las experiencias conocidas, al menos en este país). Pero lo fundamental es la voluntad política de llegar a acuerdos, que es lo que de momento veo más borroso.

5.Pero con Podemos no se puede

Entre tanto, la dirección federal de Izquierda Unida (o al menos una parte mayoritaria de la misma) lleva ya un tiempo considerable discurriendo insistentemente sobre la expresión “unidad popular”, sin llegar nunca a definirla con suficiente precisión. Y, aún sin haberla definido, ha puesto en marcha acciones muy concretas para su realización, algunas de las cuales entran en abierta contradicción con las escasas pinceladas que se han ofrecido sobre el contenido de tal expresión: por una parte, se preconiza un proceso “de abajo a arriba” o “desde la base”, y por otro las únicas acciones conocidas hasta ahora han sido reuniones entre las cúpulas de las organizaciones llamadas a participar en el acuerdo. Reuniones que han acabado con resultados perfectamente previsibles: amplia disposición y apertura por parte de las entidades más débiles (caso Equo) y negativa rotunda de Podemos, que no acepta otro método de unificación que la absorción de todo lo existente, como era de esperar y ya he señalado anteriormente.

Los dirigentes de Podemos no están dispuestos a renunciar a una marca que consideran exitosa y que, en cualquier caso, han creado sin duda con esfuerzo y entrega personal, lo que me parece humanamente comprensible, aunque no lo comparta. Eso era sabido desde un principio (no es ni mucho menos la primera vez que la dirección de IU llama a sus puertas sin que éstas den la menor señal de querer abrirse), por lo que creo que a estas alturas ya nos podríamos ahorrar la imagen de humillación que esa inútil insistencia genera ante los electores y la opinión pública, imagen gozosamente ventilada por los medios, como también era previsible.

Así pues, habrá que asumir que la “unidad popular” o como se le quiera llamar tendrá que construirse sin Podemos, al menos de cara a las próximas elecciones generales. Los resultados dirán luego hasta qué punto se dan las condiciones para el establecimiento de determinados acuerdos postelectorales, si proceden. Se trataría, por lo tanto, de una “unidad” menos “unida” de lo que sería deseable, pero peor es nada, y más vale asumirlo de una vez y cuanto antes, que seguir paralizados llamando a unas puertas que siguen cerradas a cal y canto (salvo a quienes pidan su ingreso de forma individual y previa renuncia a su militancia anterior).

Y concentrarnos en definir con precisión la naturaleza del proyecto en sí: sus principales ejes programáticos, su estructura jurídica, su forma organizativa… y por supuesto sus integrantes y sus respectivas cuotas de participación o, al menos, el método que utilizaremos para determinarlas.

Todo esto parece difícil de acordar y consolidar en los escasos meses que faltan hasta las elecciones generales, por lo que quizá haya que asumir de una vez que es posible que “el momento no sea ahora”, como vengo señalando insistentemente desde mi primer artículo, y que es mejor ir despacio pero seguros de lo que queremos construir que actuar con precipitación y construir un edificio insuficientemente cimentado y que se venga abajo con el primer viento del invierno electoral.

Entiendo que se pueda vivir como un deber ineludible el intentarlo, pero deberíamos guardarnos en la recámara un “plan B” por si no lo logramos a tiempo y hay que salir a la intemperie a batirnos el cobre otra vez en solitario.

Y una última acotación: parece poco creíble un proceso de “unidad” cimentado en la división interna, y no otra cosa es la expulsión de facto de los 4.800 afiliados de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid: está todavía por ver cuántos de ellos querrán reengancharse en la nueva estructura que se pretende crear desde la dirección federal (un proceso no precisamente “desde abajo”), cuántos y cuáles de ellos serán admitidos en el nuevo paraíso de la “unidad popular” y, sobre todo, a qué cosa en concreto deberían reengancharse. Sin que esto implique concordar plenamente con lo actuado por la dirección de IU-CM durante los últimos meses, y particularmente a partir de las frustradas (y frustrantes) elecciones primarias del pasado 30 de noviembre. La autocrítica constante sigue siendo un método de trabajo esencial para cualquier organización que se reivindique marxista.

Fuente: Nueva Tribuna

IU: La flor que hoy admiráis…

2015061710132518410Artículo de Nueva Tribuna por Luís María González:

El Consejo Político Federal de Izquierda Unida decidió el 14 de junio prescindir de su organización de Madrid y crear una nueva. No hemos tenido suerte con el principal grupo de dirigentes de IU ahora que vivimos tiempos de incertidumbre. En la historia de esta organización nunca reinó tanto la mediocridad. A cierta izquierda le falta alma


El resultado de la votación fue contundente. 114 votos a favor 45 en contra y 3 abstenciones. IUCM ha sido desfederada. Una nueva organización se creará en Madrid para servir al actual proyecto federal. Vuelve el súbdito, se expulsa al militante. Pero no conviene dejarnos llevar por las urgencias. Debemos mantener cierta perspectiva. Siempre me viene a la cabeza una frase de la película El club de los poetas muertos, en la que uno de los actores (creo que James Waterston, Gerard Pitts) sentencia: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta”.
No hemos tenido suerte con el principal grupo dirigente de la actual IU. Cuando más se necesita de temple, poso político e intelectual y coraje, irrumpen en escena los forjadores de la nada, los constructores de páramos en los que crecen y medran los portadores de la más indigna mediocridad, a modo de un carpe diem con ritmo de unidad popular. Algunos hemos querido sugerir un debate de mayor recorrido, trascendiendo a la política de escaparate y situando la imprescindible convergencia de las ideas en horizontes de estrategia un poco más ambiciosos. Fuimos primero, calumniados y difamados, arrojados a la jungla del estalinismo más rancio; y segundo, oportunamente apartados de un proceso que, más pronto que tarde, irrumpirá a galope y obligará a los inquisidores de hoy a santificar el cambio de rumbo, o sencillamente, a certificar la defunción del proyecto.
Si finalmente, los que ayer protagonizaron la purga, logran mañana la mayoría necesaria para disolver IU y sacrificarla en el altar de la unidad popular, habrá que convocar una asamblea federal y, porqué no, un referéndum en el que se pronuncie toda la afiliación. Para tan loable misión, los mandarines del trueque han conseguido un valioso aliado: apartar a la Federación de Madrid y sustituirla por una legión de servidores dispuestos a lo que sea menester, con tal de ver despejado el camino a la perdición, que en algunos casos, puede ser el de su salvación.
Expulsiones y regresos
El Consejo Político Federal del domingo 14 de junio fue la crónica de una purga anunciada. Todos los esfuerzos que la nueva dirección de IUCM realizó ante el secretario de Organización de IU ofreciendo diálogo y acuerdo para enfrentar el futuro, fueron infructuosos. Madrid es una plaza que no puede estar en manos de gente que sigue creyendo en IU. Se necesitan caras, no nuevas, sino con mucho rostro, para avanzar por la senda de Ahora Madrid -instrumental partido, de exclusión dentro y unidad fuera- y no por la plural avenida de Barcelona en Común, no vaya a ser que los otros interlocutores se enfaden con la coalición. Atrás quedan expedientes limpios, tolerancias cero contra las malas prácticas y la corrupción -en la sala del consejo del domingo, como miembro de pleno derecho, asistió el regidor imputado de Rivas (prevaricación, malversación y tráfico de influencias), Pedro del Cura, que cumple el Código Ético, según Adolfo Barrena, porque es objeto junto a Tania Sánchez, de una querella interpuesta por un adversario político. Un argumento brillante, propio de un dirigente de altura. ¿Conoce Barrena alguna querella interpuesta por un amigo contra otro amigo? -, o programas de cambio con especial atención a la economía y el empleo. No, ahora se lleva la unidad popular, los de arriba y los de abajo, política sin partidos, sindicalismo sin sindicatos, gestos, viajar en metro y poder popular. Ya ni siquiera se une al fin del imperio el tiempo del socialismo, no vaya a ser que la unidad popular se tiña de rojo.
No se exigirán grandes méritos para la aventura de la nueva federación madrileña de IU. Cañí, ciudadana y sin personalidad jurídica. Señas más que suficientes para triunfar en la pradera de San Isidro. El/la que se quiera reafiliar a este cambio madrileño deberá pasar por el casting de Olimpo, un acreditado foro de interpretación teatral, en el que habitan forjadores de sueños dispuestos a disfrutar (o purgar) mientras dure la obra. A punto de abrirse el periodo de inscripción, ya opositan con éxito los ex militantes de IU, cargos y tropa en Ahora Madrid, que debieron renunciar a su identidad y banderas, para participar en sus exitosas candidaturas. Quizás proceda preguntarse, con cuántas de aquellas personas que arrastradas por la muchedumbre no dudaron en dejar IU, se puede contar ahora para hacerse cargo de la sala de máquinas de una organización como Izquierda Unida necesitada de talento, ideas y coraje. ¿Creen realmente en IU, o buscan desesperadamente un lugar al sol que les permita vivir al calor de la actividad institucional?
A este lado de la trinchera, en el que se encuentran las personas expulsadas de forma ilegal, autoritaria y antidemocrática (una decisión de esta enjundia solo puede tomarla una asamblea federal) habita la desilusión y la tristeza producida por esta decisión administrativa -en 43 años de militancia nunca me había pasado una cosa así; aunque bien pensado qué le importa eso a la unidad popular…- pero también la voluntad, la inteligencia y las ideas capaces de participar, a pesar de todo, en el debate por el que atraviesa la izquierda española, y de manera singular Izquierda Unida. De manera que no nos vamos a rendir. Con la ley en la mano vamos a pelear por la dignidad y la legitimidad de IUCM, los derechos de su afiliación y el uso debido de su base de datos. Somos gente de IU, no tenemos otro proyecto que no sea el de IU, no nos afiliaremos a este engendro anunciado por el CPF e impulsado por un grupo de dirigentes desleales a IU. Nos alejaremos de aventuras políticas y nos dotaremos en este próximo periodo de un marco de reflexión, acción y debate que, no sin dificultades, nos permita seguir trabajando.
William Faulkner decía que “se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás”. Vamos a tratar de cambiar esta situación. El tiempo pasa veloz y pronto nos veremos atrapados por nuevos debates. Nada de lo sucedido el 14 de junio, habrá pasado en vano.

Por qué IUCM no entró en Ahora Madrid. Por qué nos expulsan.

Entrada publicada en el blog de la Agencia Afni

IUCM ha trabajado siempre por los espacios de convergencia, al igual que el resto de federaciones de IU. El Federal ha propulsado toda la creación de estos espacios, no de ahora, sino desde el año en que se fundó la organización. La fórmula buscada en cada uno de estos espacios siempre ha sido el de la COALICIÓN.

Una coalición, a diferencia de una agrupación de electores o un partido instrumental, en esencia, permite que sus candidatos vayan en representación de sus siglas y no a título individual, de tal manera que tienen obligación de rendir cuentas por su gestión al resto de la militancia y su cargo está siempre a disposición de estos. Este es un motivo importante para defender como única vía posible en las convergencias, a las coaliciones, pero hay otro que es fundamental: únicamente por esta vía jurídica se garantiza TENER FINANCIACIÓN. En una coalición, al estar en nombre de “unas siglas”, se tiene acceso a subvenciones y demás vías de ingresos – tanto por sus cargos electos, como por pertenecer a una organización con estricta representación institucional – que desaparecen con otras fórmulas jurídicas, o que se llevan otros.

Cuando durante meses en los medios de desinformación masiva se habla de “dilución”, “sopas de siglas” y demás conceptos en abstracto, se pretende reducir el debate a una obcecación en el amor propio por parte de “algunos”, que “impiden trabajar a la mayoría en poder ganar unas elecciones en una candidatura de poder popular”, en un debate totalmente ajeno y difícil de entender al resto de la ciudadanía. Desde luego ese es el poso que les queda a los televidentes. Y nada más lejos de la realidad. Con este enfoque premeditadamente sesgado, se busca no entrar en la raíz del motivo en esa persistencia en pedir coaliciones, que es el de PODER TENER INGRESOS QUE GARANTICEN LA SUPERVIVENCIA DE IZQUIERDA UNIDA EN EL TERRITORIO.

Cuando candidatos de Izquierda Unida equiparan con insistencia Ahora Madrid con Barcelona en Comú – indicando que son modelos de éxito que deben servir de referencia – están comparando con conocimiento de causa dos cosas diferentes. En Barcelona los concejales de EU-ICV representan a esa organización y por cada uno de ellos, así como por la organización en sí, se recibe dinero que permite el sustento diario de nuestras agrupaciones de distrito en la Ciudad Condal, aparte de a la matriz central. Esto en Madrid no es así, porque no han querido que sea así. El por qué partidos como Equo han accedido a pertenecer en esas condiciones, habría que preguntárselo a su afiliación. Si por parte de Ahora Madrid reciben algún tipo de aporte, será ahora en virtud de la “buena voluntad” de la dirección de AM, y no por ningún preacuerdo anterior a las elecciones. Un riesgo que en IUCM no hemos querido correr. El desarrollo de los acontecimientos demuestra que si se hubiera dicho sí a todo, el éxito electoral habría venido acompañado de una negativa rotunda a financiarnos aun siendo una parte muy importante en esa plataforma. Si en otras partes de España IU ha ido en agrupación de electores – no me consta – sus responsables, y también la militancia que lo haya apoyado, deberían explicar de dónde va a salir el dinero para pagar las facturas del día a día.

tania pablo iu

EL DESARROLLO DE ACONTECIMIENTOS EN MADRID

En otoño del 2014, los órganos de dirección de IUCM apoyaron por práctica unanimidad la participación en proyectos de convergencia – en el caso de la capital, en Ganemossiempre que fuera dentro de una coalición de partidos/movimientos. De esta resolución, fue partícipe tanto la corriente de Tania Sánchez como la de Mauricio Valiente, aunque ahora haya quien lo pretenda negar. Cuando se presentaron a las primarias de noviembre, asumieron, al igual que el resto de las candidaturas, que esto era una línea roja que no se podía traspasar.

Al ganar esas primarias, buscaron un cambio en la dirección regional, alegando estar legitimados por la victoria electoral. Sin embargo, el motivo de las primarias era elegir a los cabezas de lista de Ayuntamiento y Comunidad, única y exclusivamente, y en ningún caso renovar esos órganos de dirección. No quisieron respetar las reglas del juego. Podían haber esperado a que llegara la convocatoria adecuada, con muchas papeletas de haberse alzado con una nueva mayoría en la federación, pero tenían prisa. Prisa por tener las riendas de IUCM y con ello llegar a un rápido acuerdo con Ganemos/Ahora Madrid que no respetara lo acordado – y refrendado por ellos mismos – en la resolución arriba citada de otoño. Tania Sánchez habla de acoso, pero fue ratificada por la dirección a la que quería echar. Habló de falta de apoyos con todas las polémicas vinculadas a su familia en el ayuntamiento de Rivas, porque la pidieron documentos y aportes en una investigación interna, y ahora, está imputada. Tania dijo que no se iba a Podemos, y todos los allegados de Convocatoria por Madrid están en la lista autonómica. Mauricio Valiente insiste en que fue expulsado, cuando en verdad, aparte de haber sido también ratificado por la dirección como candidato, se dio de baja para participar en las primarias de una candidatura a la cual en aquel momento, ni ahora, no pertenecía IU. Una imposición de Ahora Madrid a toda la gente de Convocatoria por Madrid.

En el momento en los ganadores de esas primarias abandonan, de manera voluntaria y sin ningún tipo de presión, se escoge un candidato para la Comunidad, y se hace un referéndum sobre si se debe entrar en Ahora Madrid. Ante el miedo a perderlo, los simpatizantes del “sí” deciden boicotearlo, pero por el escrutinio un poco más de la mitad del censo se acercó a votar “no”, y por tanto a montar una candidatura 100% IU (en Ahora Madrid no había nadie de IU, se borraron como imposición, insistimos, de AM).

Desde ese día hasta hoy, el Federal ha invalidado la candidatura IU al ayuntamiento, la única formada por gente que no se ha ido, y que podría permitir la subsistencia IU en Madrid, a nivel económico y organizativo, por todo lo expuesto anteriormente. A este acoso hay que sumarle la firma de un manifiesto de apoyo a Ahora Madrid por parte de cargos electos con nuestro voto en una deslealtad sin precedentes. Y la puntilla más dolorosa, las intervenciones de Alberto Garzón en programas de máxima audiencia deslegitimándonos. Incluso el día de reflexión, en esos espacios dijo que “IU no se presentaba al ayuntamiento de Madrid” (¿¿??)

¿Así cómo se iba a llegar al 5% en ambas cámaras de representación? Y después de todo esto, nos quieren expulsar. Expulsar por defender la pervivencia de Izquierda Unida como proyecto, frente a quienes pretenden vendernos a Podemos. Así de claro. Militante de Izquierda Unida de fuera de Madrid: nos encontramos desamparados. NECESITAMOS TU AYUDA. Creemos que buena parte de lo que te hemos contado no lo sabías, ni te han informado de ello los responsables de tu agrupación, en los puestos más altos del escalafón cómplices de todo esto. El plan de disolución de nuestra propuesta, primero en Madrid, luego en el resto del Estado.

No debemos quedarnos callados. Difunde, y presiona en tu asamblea. Muchas gracias.

La necesaria convergencia de la izquierda: sus opciones y dificultades.

Artículo de Daniel Kaplún en Nueva Tribuna

La película argentina “Relatos salvajes” consta de seis episodios, aparentemente independientes entre sí, pero unidos por un mismo eje común: la espiral del conflicto cuando ninguna de las partes en liza es capaz de ponerle freno mediante una mínima concesión. Especialmente significativo, en ese sentido, es el que protagonizan Leonardo Sbaraglia y Walter Donado, conductores el uno de un flamante Audi A4 y el otro de un decrépito Peugeot 504. Ambos se encuentran en una empinada cuesta, y cuando el primero intenta  adelantar al segundo, éste se empeña en impedírselo. El del Audi finalmente lo logra y (como era de esperar) al hacerlo insulta y dirige gestos obscenos al otro. Algunos kilómetros después, el Audi se ve obligado a detenerse por un pinchazo, el Peugeot le alcanza y se detiene delante suyo, momento a partir del cual se desencadena una imparable espiral de violencia, que termina con la muerte de ambos carbonizados en el interior del Audi. Interrogado por los infaltables periodistas, el comisario que dirige la investigación indica que su hipótesis de partida es “crimen pasional”.

Obviamente, se trata de pura ficción, pero cargada de simbolismo. Y no puedo evitar referirlo a la actual situación de Izquierda Unida, y particularmente a su federación de Madrid (IU-CM) y sus conflictos internos.

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