Manifiesto’50: La izquierda que se atreve a serlo

cabecera-blogCargos públicos y exmilitantes de IU Madrid piden la reorganización de la izquierda

Cincuenta y un cargos públicos y ex militantes de IUCM llaman a la recomposición de la izquierda tras la liquidación del proyecto de IU

Representan a la inmensa mayoría de las personas expulsadas de IUCM y afirman que IU en manos de Garzón no es sino una caricatura de organización y de proyecto, cada vez más diluida en Podemos.

Tras estas primeras 51 rúbricas, el manifiesto -que se adjunta- quedará abierto a la firma de cuantas personas de izquierdas así lo deseen

Las personas firmantes, muchas de ellas voces políticas y sociales cualificadas de la izquierda madrileña, además de cargos públicos, representan a distintos colectivos y personas de IUCM expulsadas por la dirección federal de IU, y han elaborado un Manifiesto político en el que llaman a abrir un tiempo de reflexión y debate para reconstruir una izquierda plural y unitaria, una izquierda que se atreva a serlo, como titulan su manifiesto. Creen que, a pesar del optimismo de Podemos, empeñado en hacer de la política un campo de batalla para trocear la izquierda y sorpassar al PSOE, el resultado es dramático para el bloque llamado progresista: fracturado, enfrentado y sin un proyecto político y programático capaz de ganar a la derecha, que  sigue a lo suyo, recuperando el ideario conservador y de nuevo en el gobierno.

Por ello, quienes lanzamos este manifiesto queremos, en primer lugar, advertir que lo que nos anima no es una nueva aventura de división del pensamiento y la organización de la izquierda, sino la modesta vocación de contribuir a ensanchar este territorio, ofreciendo nuestras ideas y propuestas sin más objetivo que ayudar a salir del atolladero a la izquierda realmente existente, una izquierda que debe abrirse al futuro, reinventarse y renovarse, pero sin entregarse a la estela del populismo que nos invade.

El manifiesto, que tras estas primeras cincuenta y una rúbricas de ex militantes de IUCM apartados de IU por la dirección de Garzón se abrirá a la firma de las personas de izquierdas que así lo deseen,  advierte que el proyecto de convergencia social y política de la izquierda que dio lugar al nacimiento de Izquierda Unida ha sido desmantelado y camina raudo hacia su disolución en Podemos.

Personas que se han adherido: adhesiones

Manifiesto: La izquierda que se atreve a serlo
Si quieres firmar la adhesión: manifiestoizquierda50@gmail.com

Firmantes:

Alicia Amieba, concejala Arganda.

Vicente Astilleros, alcalde de Casarrubuelos.

Mayka Bellido, Foro IUCM Puente de Vallecas.

Luis Cabo.

Jorge Canto, concejal Arganda.

Marisa Castro.

Javier Cobo, concejal Villanueva del Pardillo.

Laura Cruz, Rivas-Vaciamadrid.

Víctor Díaz Cardiel.

Arantxa Fernández, concejala Móstoles.

José Fernández Benito, Torrejón de Ardoz.

Paco Frutos.

Pedro Galeano, sindicalista CCOO encausado por defender derecho huelga.

Antonio Gallifa, economista.

Marita García, CCOO Sanidad.

Carlos García de Pedro, sindicalista CCOO Telemadrid.

Juan González, PCE Centro.

Luis M. González, sindicalista CCOO y periodista.

Mateo González Martín, Foro IUCM.

Borja Goñi, Foro IUCM.

Raquel López.

Fernando Marín.

María Martínez Arredondo.

Beatriz Martínez, concejala Boadilla.

Justiniano Martínez.

María Prado de la Mata, dirigente vecinal Villaverde.

Cynthia Mateos, concejala Valdemoro.

Mercedes Mateos, CCOO Renfe.

Gisela Meyer, dirigente vecinal de Chamartín.

Javier Moreno, militante de la memoria democrática.

Macarena Naranjo, Movimiento Solidaridad Sahara.

Esther Oñoro, concejala Perales de Tajuña.

Luis Pérez, concejal Nuevo Baztán y Los Verdes.

Nelson Restrepo, Movimiento Migraciones y DDHH.

Aurora Rodríguez, concejala Fuentidueña de Tajo.

María del Rosario Rodríguez Manzaneque, Plataforma por la Educación Pública.

Carmen Romero, feminista Coslada.

Juan Manuel Román, coordinador de Los Verdes.

Carmen Roney.

Alarico Rubio, Leganés.

Jesus Saiz, concejal Parla.

Paloma Castejón, concejala Coslada.

María Santos Ricoy, concejala Sevilla la Nueva.

Julián Sánchez Urrea, portavoz Convergencia de la Izquierda.

Javier Santos, concejal Getafe.

Juan Ramón Sanz.

Pepe Serrano, CCOO Renfe.

José Antonio Tinaquero, concejal Alcorcón.

Óscar Valero, Convergencia de la Izquierda Fuenlabrada.

Rodrigo Vázquez de Prada, periodista.

David Velilla, concejal Morata de Tajuña.

26J: La orgullosa bajeza del tiempo.

Excelente artículo de Luís María González en Nueva Tribuna.

“Eimagenn su colaboración con El País semanal, Manuel Rivas se refería a la amplitud de la maquinaria de la extrema derecha en Europa a propósito de las personas refugiadas e inmigrantes y citaba a Simone Weil para hablar de “todo el rumor del los estúpidos, toda la orgullosa bajeza del tiempo”. Algo similar siento con los resultados del 26J.

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Izquierda y populismo confluyente

populismoCuando la izquierda es tenida en cuenta por la clase trabajadora como referente político y no sólo movimientista, es cuando a su calor se reanima el viejo populismo como un atrapalotodo, un populismo ataviado de oportunismo para el que todo lo antiguo no vale, pasa a ser casta, y no hace más que dar vueltas sobre tres o cuatro ideas eje, ese es todo su bagaje ideológico.

No se dirigen a la clase trabajadora, a las asalariadas y asalariados que son los que mantienen sobre sus espaldas el motor de la economía, quienes generan riqueza, mantienen el sistema de pensiones, los hospitales o las infraestructuras, se dirigen a la ciudadanía en general (como si la hija de Botín y quien cobra 400 € después de 10 o 12 horas de jornada laboral fuesen iguales).

Para la izquierda, la ciudadanía no debería ser más que un concepto y no una ideología como piensan los populistas de las confluencias, porque la ciudadanía no es sujeto de cambio, quienes son el verdadero sujeto de cambio son las trabajadoras y trabajadores, lo demás es darle vueltas a lo mismo sin llegar, interesadamente, al meollo de la cuestión, que es el cambio de un sistema político por otro, y lo más importante, y en esto los populistas de las confluencias no pasan ni de refilón, la construcción de una política económica que día a día es cambiante y para la que las recetas del pasado sencillamente no sirven.

Durante estos días, el populismo confluyente no hace más que mirar al pasado en materia económica, han estudiado tanto, están tan preparados que nos quieren colar como nueva economía teorías tan desfasadas como el mercantilismo y el proteccionismo, ambas regadas con dósis autárquicas más propias de un mundo no globalizado de allá por los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX.

El populismo confluyente es completamente antagónico con la izquierda y es un abismo tanto de orientaciones como de principios lo que los separa, además es una ignorancia, aunque lo repitan y lo cacareen a los cuatro vientos, que ciudadanía y clase trabajadora sean lo mismo, nos lo pueden repetir mil veces, exponer sus seniles ideas, pero no es lo mismo.

Repiten que la izquierda ha hecho caso omiso a la ciudadanía en general, y eso es pura ignorancia, porque ya en los 60 y 70 del siglo pasado se teorizó y se pusieron en práctica más políticas transversales de las que estas confluencias serán  capaces de desarrollar, pero sabiendo siempre quien es el sujeto de cambio; por eso no han dado, ni saben ni sabrán dar una respuesta clara cada vez que se les plantea esta cuestión.

Que nadie se deje engañar, las ilusiones son importantes, pero no llenan platos de comida; las ilusiones no crean puestos de trabajo y mucho menos crean las condiciones para una democracia avanzada, eso es trabajo, mucho trabajo y de eso los populismos confluyentes saben realmente poco porque se han dedicado  a jibarizar a la izquierda sin dar nada a cambio, tan solo unos cuantos puestos en el congreso, alguna que otra vicepresidencia y alguna que otro alcaldía que harán pagar muy cara.

Ponen fin al proyecto que dio vida a IU

Cargos públicos y militantes de IUCM (Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid) advierten de la liquidación de IU y defienden los valores y principios de la izquierda

 

Ahora puede entenderse, perfectamente, la expulsión de más de cinco mil afiliados y afiliadas a IU de la Comunidad de Madrid que defendieron la confluencia con dos únicas condiciones: el respeto a la identidad de IU, mediante fórmulas de coalición, y el respeto a las propuestas programáticas de nuestra formación. Límites que resultaron intolerables para los defensores del proceso de desaparición de IU y que explican lo evidente: la expulsión de la federación madrileña de IU no tenía otro objeto que despejar el obstáculo que impedía el progreso de operaciones personales sin contenido político.

 

Para leer el manifiesto completo: http://www.manifiestoiucm.wordpress.com

Firma el manifiesto enviando un correo a manifiestoiucm@gmail.com

La coalición “tenía” un precio

Pit-GARZONEl 7 de mayo, el Consejo Político Federal de IU escenificó alguna tensión en la negociación e identificó los grandes retos políticos para la transformación del planeta: IU quiere más puestos de salida en las listas. Ni Europa, ni el euro, ni el paro, ni la reforma laboral, ni la sanidad, ni la educación, las pensiones o la protección social. El problema se llama listas. Yo adelanto mis conclusiones: si por plantear en el momento adecuado la coalición con Podemos, IUCM fue desfederada y sus 5 mil afiliadas/os expulsados, si entonces dijimos que el problema era de coalición y propuesta política, si era el proyecto el que estaba siendo enterrado…,y ahora pasa esto, solo puedo decir que IUCM tenía razón, y la difamación de que fuimos objeto retrata a los difamadores.

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Artículo de Luís María González en Nueva Tribuna

Foro de IUCM (*) :Declaración politica antes la elecciones del 20-D

IU: lo que fue, lo que es

logoforoEl 20-D se celebran elecciones generales. en Madrid hubo una izquierda que quiso convergen sin perder la identidad. Sus militantes fueron expulsados. Unos meses después los autores de la purga reivindican las siglas con las que jamás quisieron ir a las elecciones. ¿Qué ha pasado?

Así se escribe la historia, aunque sea la historia más reciente. Desde las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, la dirección federal de Izquierda Unida deambula por la política española con paso torpe y errático. quiso pactar con PODEMOS a cualquier precio y encargo la tarea a quien más de cerca seguía su estela, nadie dudaba del acuerdo de integración. Era cuestión de tiempo, listas y nombres. Del programa nunca se habló y de la estrategia electoral tampoco. Pero se acercó la hora y en el último minuto quebró el apaño. Ni las encuestas ofrecían ya tanto margen, ni la izquierda seducía al socio. Así que algunos/as trataron de hacer de la necesidad virtud y se presentaron en sociedad como adalides de la marca IU, la misma marca electoral que han despreciado hasta hace unas semanas y que llevan año y medio subastando en el misterioso mercado de “los de abajo”.

Algunos colectivos de las personas expulsadas de IUCM, que han ratificado su voluntad de no reafiliarse a la nueva organización, han llegado a la conclusión de que su legitimidad se engrandecería participando activamente en a campaña electoral del candidato Garzón. sostienen que ellos son parte de IU y que lo quieren seguir siendo a pesar de las diferencias que les separan con el proyecto y la estrategia de sus actuales dirigentes. No es nuestra función “interpretar” su voluntad. Sí lo es analizar su decisión. Prestar al actual núcleo dirigente de IU -que no le demos vuelta, es el que aparece social y mediáticamente representando a Izquierda Unida- el apoyo para SU campaña electoral, constituye un mal gesto hacia la militancia de IUCM, expulsada de IU, vejada en la reciente campaña de las elecciones autonómicas y municipales y víctima de un golpe de mano a fin de ser sustituida por una estructura de organización y unos/as dirigentes inventados para acabar con IUCM. Allá cada cual con sus cálculos y ecuaciones. No nos gustaría que estos forzados movimientos de apoyo acabasen reconsiderando su destino y sucumbiendo a futuros cantos de sirena. Veremos.

El programa, el candidato, el voto

Hacer balance de una legislatura y compartir un diagnóstico político de lo que pasa es condición necesaria para disponer de un programa electoral ajustado a las demandas de la sociedad actual,. Pero no. La dirección federal de IU ha preferido responder a la crisis y al estancamiento de la economía, el empleo y los sistemas públicos de protección social con el radicalismo estéril del populismo. Acosada y acelerada por la ruptura con PODEMOS, se ha envuelto en la bandera de la unidad popular –un inexistente proceso de convergencia, que actúa de coartada para buscar compañía inventada a IU- y ha improvisado y sugerido un programa electoral extravagante, irrealizable, y más parecido al programa fundacional de PODEMOS, que a un verdadero programa de gobierno.

Las prioridades de un programa de izquierdas, realizable y con vocación de gobierno, capaz de derrotar en las urnas el programa conservador -los derechos de las trabajadoras y trabajadores en el contexto de un política económica, la derogación de las últimas reformas laborales, la estabilidad y calidad del empleo, la mejora de los salarios, la negociación colectiva, la lucha contra la desigualdad y la exclusión social, el apoyo a la ILP de CCOO y UGT para una renta mínima, la sostenibilidad y garantía del sistema publico de pensiones, los servicios sociales, la igualdad y la violencia de género, las políticas públicas y el nuevo modelo productivo, una reforma fiscal justa y suficiente, educación y sanidad publicas y de calidad, una reforma constitucional para articular el territorio y los derechos sociales y laborales, vivienda digna, o un sistema financiero con banca pública que garantice el crédito– o no se abordan en el programa de IU o, si se hace, se recurre a propuestas retóricas y radicalmente incompatibles con las políticas públicas que la izquierda debe gestionar y defender.

Fuimos expulsados y expulsadas de Izquierda Unida. La federación en la que militábamos fue disuelta. Nadie nos abrió expediente ni fundamentó las razones de aquella decisión. Reclamamos que un conflicto político se dirimiera en el ámbito del debate político. Recurrimos a Comisión Federal de Garantías y recibimos una vulgar respuesta de rechazo. Acudimos a la Justicia pidiendo medidas cautelares contra la expulsión y el respeto a nuestros derechos constitucionales, siendo, en principio, rechazadas las medidas cautelares, mientras sigue adelante el proceso. si nuestra capacidad de asombro no nos turba ante los llamamientos al trabajo y la unidad en tiempo electoral por parte de la dirección federal, y aún mantenemos la suficiente dignidad y coherencia para actuar en nombre de IUCM, debemos decir que no podemos hacer campaña, para la candidatura que encabeza, en la circunscripción de Madrid, Alberto Garzón, principal abanderado de nuestra expulsión y cara visible de un programa electoral que no compartimos, y que poco o nada tiene que ver con el que dio vida a Izquierda Unida, un proyecto que, a pesar de su profunda desnaturalización, muicha gente del Foro sigue empeñada en recuperar. El voto de cada una de las personas que integran el Foro de IUCM será el que ellas mismas decidan. sera un voto de izquierdas. Pero la posición política del Foro es la que corresponde a un amplio colectivo que analiza, debate y emite opinión. Ni más ni menos.

(*) El foro de IUCM se constituyó el pasado 18 de octubre. Lo forman militantes, dirigentes y cargos públicos de IUCM, expulsados/as de IU y que exigen la restitución de sus derechos políticos y colectivos sin apaños, atajos ni componendas. Representan a unas 1.200 afiliadas y afiliados de IUCM, sin duda el grupo más numeroso de la ex federación de IU. Se constituye como Foro, que no en partido, con el único objetivo de impulsar y debatir la reconstrucción de la izquierda y de un potente polo progresista en nuestra comunidad.

Izquierda: dignidad o cambalache

La decisión no es fácil. Con frecuencia la dignidad actúa a modo de excusa y el cambalache de sumar deriva en aparente generosidad. Pero las izquierdas se encuentran en la encrucijada, justo cuando un programa de cambio podría derrotar en las urnas al ideario conservador

iuhundidaRecientemente, un artículo de Manel García Biel alertaba sobre la necesidad de trascender al hecho electoral y blindar formaciones políticas y proyectos culturales e ideológicos sin los cuales no sería posible entender la historia de Catalunya e imaginar un futuro de cambio y transformación social. Se refería, se refiere a ICV y PSUC (sin apellidos). Las izquierdas se debaten entre la dignidad y el cambalache, en un contexto de probada complicidad ciudadana con la llamada nueva política, y de programada desmemoria hacia la lucha de un país por la libertad y la democracia.

El 15M llenó de gentes diversas calles y plazas de las ciudades españolas. Gritaron a las fuerzas políticas parlamentarias que no les representaban y levantaron banderas y programas de cambio para ensayar una revolución de urgencia. Muchas voces y opiniones mediáticas valoraron lo ocurrido y lo calificaron de “repolitización de amplios colectivos sociales, fundamentalmente jóvenes”, y de estruendoso toque de atención a lo que llamaron ‘política institucional y/o bipartidismo’. La historia se empezó a contar a partir de entonces y varios grupos y colectivos empezaron a construir una crónica de la nueva política, a medio camino entre la asamblea de acampada y la transversalidad de la política anticasta. No faltaron quienes, autoinvitados a todas las fiestas, quisieron integrar con aparente normalidad aquella masiva indignación en la doctrina de repúblicas, poder popular y economía de diseño.

De aquella indignación de alianzas y confluencias contra la política hasta entonces conocida, que siempre pasó de puntillas por el conflicto económico y social -solo reclamado para arremeter contra el movimiento sindical- nació Podemos y hete aquí, que un par de años después nos queda un partido, cada vez más partido y menos movimiento, centrado y centralista, que recela de modelos de organización política y electoral abiertos a la convergencia con otros, y que con sostenida celeridad ha llegado a la conclusión de que ellos deben ser exactamente lo mismo que negaron ser, un poco más atrevidos en lo intrascendente, y más moderados en lo realmente decisivo. Un partido electoral dirigido por un núcleo de dirección muy cerrado.

IU cambia de bando
A cinco mil militantes de IUCM la dirección federal los echó de la organización por negarse a subastar el futuro de IU en un mercado de objetos no identificados. No fue fácil la decisión de IUCM, que además de tener que pelear en un ambiente mediática y políticamente hostil, tuvo que lidiar con una campaña infame de la mayoría de los dirigentes federales -con Garzón al frente-, que por primera vez en la historia de un partido pidieron el voto para una formación política distinta a la suya. Paradojas de la vida, los partidarios de la “unidad popular sin fronteras”, que no dudaron en depurar la organización como nunca antes se había visto en IU, encabezan ahora una cruzada de campaña –lo primero es IU- con la misma credibilidad que un liberal hablando del estado del bienestar. No en vano buena parte del equipo de Garzón se bate en retirada y lamenta su desengaño ante las promesas incumplidas. Alguno de ellos ha abandonado ya Izquierda Unida.

En realidad asistimos a una deriva indeseable. IU debió defender con lucidez y firmeza su territorio, un territorio que nunca fue ajeno a la convergencia social y política, y que seguramente exigió anteponer el consenso político y programático al trueque de la banalidad y de los cargos. Desde las elecciones europeas, el mismo núcleo de dirección federal que hoy luce músculo identitario, improvisó un viaje a lo desconocido en el que solo quedaba clara una conclusión: el futuro de IU es el de Podemos. “Unos ponen el aire fresco y las ideas, otros la organización y la militancia”, decían sesudos intelectuales de la nada. Y así nos va. La unidad popular, antes Ganemos, después Somos, más tarde Ahora en Común, y en la actualidad Izquierda Unida con apellido incorporado, se presenta a las elecciones con rostro conocido y política impostada. Alguien hace de la necesidad virtud, y habla de dignidad frente a cambalache. Se equivoca y lo sabe. La actual dirección federal de IU no está en condiciones de liderar ahora el mismo proyecto que aborreció hace un mes. El único gesto de dignidad creíble de los dirigentes comunes o populares de IU hubiera sido reconocer públicamente su disparatada aventura y propiciar en tiempo electoral un encuentro urgente de todas/os en el interior de IU para una candidatura fuerte de convergencia social y política, con destacado protagonismo de IU. Pero han optado por el viejo tic del sectarismo: tenían razón cuando echaron a los que defendieron IU frente a la humillación y la subasta, y tienen razón ahora cuando hacen lo contrario. De una orilla a la otra sin inmutarse. Aunque yo confío en Quevedo cuando advierte que “la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

Por eso, las izquierdas andan desconcertadas justo cuando las derechas recuperan aliento, en buena parte como consecuencia de la trayectoria errática de aquellas. Y lo peor de todo esto es que el candidato a la presidencia del Gobierno de IU ha creído que la mejor manera de corregir errores es acudir al radicalismo populista del programa electoral. A los que hasta hace unas horas eran, según sus palabras, la esperanza de los de abajo (Podemos), los acusa de entregarse a la moderación y el centro, de dar la espalda a la revolución y de traicionar la unidad popular. Sugiere iniciativas de diseño para la economía, la educación o el empleo, y vuelve confundir el programa electoral con los principios ideológicos de IU. Cuenta con una ventaja. Cierto aparato mediático le sigue prestando su apoyo y a menudo se dirige a la ciudadanía por televisión, lo que le convierte en una compañía familiar en muchos hogares españoles, y eso es un buen aliciente para el voto.

La izquierda es o debe ser otra cosa. El debate que nos espera antes, durante y tras las elecciones no puede responder a estos arrebatos de gestos y ocurrencias. Necesitamos renovar las formaciones de la izquierda, renovar las estrategias del cambio, renovar el discurso político y la organización; pero para eso no es necesario volver al rancio estalinismo vestido de unidad popular, ni sumarse porque sí a la hoguera de las vanidades de la nueva política. He visto a históricos/as dirigentes de la izquierda marcharse sin hacer ruido (y sin el más que merecido reconocimiento institucional) y a jóvenes de la nueva política (o no tan jóvenes) instalarse en la vida institucional con desbordante entusiasmo. Conviene en consecuencia, anteponer ideas a cambalaches y trascender a los juegos malabares de unidades populares más aparentes que reales.

Luis María González